jueves, 30 de abril de 2009

Puesta de sol


En un momento que puede tornarse eterno puedes contemplar todo lo que has vivido. Es en ese momento en el que te replanteas tu vida y cambias tu parecer. A mí no me ha pasado aún y espero que no me pase nunca. Quiero ser como soy; no quiero cambiar. Y aunque en el cielo aparezcan ángeles cantando la llegada del señor... No debo pensar. Eso no va a pasar. Y, además, ¿a qué viene esto? Yo sólo iba a escribir una descripción de un paisaje. O de una situación.

El cielo estaba teñido de sangre y algunas nubes grises se pincelaban aquí y allá mientras el sol, ese gran astro brillante y lumínico, se escondía lentamente tras el horizonte, línea siempre inalcanzable y tan deseada siempre por todos. No podía ser mejor. Era una estampa para enmarcar.
El fotógrafo guardó su cámara en la riñonera y volvió la mirada al cielo. Se quedó contemplando la puesta de sol hasta que el astro se hubo escondido por completo.

martes, 28 de abril de 2009

Soneto 4

"Se convierte todo en una obsesión
intentando combatir el horror".
Él sigue sin recordar la agresión.
No la recuerda, ya no vive, no.

Murió en combate, por el corazón
que le dió un infarto, mas no avisó.
Era de noche, oscura, ya sin voz,
donde ni los árboles tapan sol.

No sé quién soy ni quién he sido nunca
pero mi alma se extiende a lo largo del
cielo y recorre todo el firmamento.

Sólo me sale ahora una pregunta:
¿Soy yo el negado o el que niega amor?
Lo ignoro. Si me lo puedes decir... 

ED-BS

lunes, 27 de abril de 2009

Donde está mi alma


En el interior de una cueva, en lo más oscuro de la montaña, allí arriba, a lo lejos, donde ni los mejores alpinistas ni los animales más feroces pueden llegar, allí donde la niebla lo cubre todo, en el rincón más oscuro de la cueva más pequeña y más escondida, allí está mi alma.
Se esconde de las fieras, se alimenta de la soledad y oscuridad, pues ni los más pequeños insectos la acompañan ni una brizna de algún rayo de sol puede llegar a acercarse a ella.
Allí, donde está mi alma, es donde yo quisiera estar. Permanecer allí para siempre sería lo mejor que me pudiera pasar.

domingo, 26 de abril de 2009

Respuestas

Hoy no sé qué escribir. Es la una y veinte de la madrugada. Estoy sobrio. He bebido, pero no lo suficiente. De todas formas, ¿de qué sirve beber?
No he de responder, puesto que no existen respuestas. Las repuestas no son más que pensamientos y, muchas veces, no es conveniente decir lo que uno piensa.
Hoy ha sido un gran día, he disfrutado.
Hoy me he sentido bien, me he sentido libre.
Me ha gustado.
Te doy las gracias, aunque sé que nunca vas a leer esto.
Da igual lo que pienses, todo es mentira. No respondas, las respuestas no son válidas en este mundo.
Me gustan las galletas.

miércoles, 22 de abril de 2009

Soneto 3



Las estrellas en el cielo brillaban
mientras aquí, entre la tierra y el agua,
las ninfas con las sirenas lloraban
y las veletas en la noche ardua.

En el cielo la luna no brillaba,
mientras allí bajaba mi piragua,
navegaba, en el mar navegaba
recordando al arbol, a la zagua.

Su mirada insistió en mirarme suave
y sus manos mi cara acariciaron.
El susurro de las olas se acuerda.

De repente su mirada era grave,
sus manos de mi cara se alejaron.
El susurro de las olas recuerda.

ED-BS

domingo, 19 de abril de 2009

El intento

El camino era largo, muy largo. Grandes árboles se abrían a sus pasos, a ambos lados. Laderas de abedules, olmos, bosques de pinos... Los árboles parecían mirarla mientras corría entre ellos, como burlándose de ella. 
¿Qué hacía allí? Esa era una buena pregunta. Sólo intentaba escapar. Ya no importaba el gran pájaro que le había guiado, ya no existía, ahora estaba muerto. Ya no importaba que su amigo hubiera desaparecido, siendo arrastrado por entre las matas, como por una fuerza sobrenatural. Ya nada tenía importancia más que ella. Sólo debía salir de ahí. 
Lo intentaba, pero cada paso que daba sólo hacía que se cansara más. No era una chica muy atlética... Nunca había corrido o hecho algún tipo de ejercicio por voluntad propia. Y hasta suspendía la educación física en el colegio. Ahora, en un intento de salir, agotaba todas sus energías. Su fuerza, y con ella su voluntad, se iban evaporando.
Su pelo se le pegaba a la frente por el sudor...
No podía estar pasando, no debía haber llegado hasta tal extremo. Pero ya era demasiado tarde. Y el pájaro estaba muerto. Y su amigo había desaparecido.
Quería estar en su casa, dándose una ducha o leyendo un libro. Prefería incluso estar estudiando. Pero no, estaba en mitad de la nada, en una pesadilla real, en el infierno de su vida, en las páginas de un oscuro libro del que nunca podría salir.
Pero moriría en el intento.
No podía rendirse. Nunca lo hacía. Rendirse era como morir, pero viendo cómo el resto de almas se ríen de ti. Rendirse no era la solución. Debía escapar. Por lo menos intentarlo.
El camino seguía siendo el mismo, todo rodeado de altos ramajes, árboles sin sombra que se extendían a lo largo y ancho de los que sus ojos podían distinguir.
Ya no podía más. No podía salir. Ya era su hora.
Sintió cómo sus piernas perdían fuerza, cómo su cuerpo caía cuan largo era sobre un montón de hojas que amortiguaron la caída. Respiró. Notó su sangre en la boca. Pudo saborearla por última vez. Lo había intentado. Eso era lo importante.
Había muerto en el intento.

sábado, 18 de abril de 2009

Soneto 2

En un intento de escribir poesía,
mente en blanco frente al ordenador,
la noche es corta, oscura, muy fría
aun estando cerca del radiador.

Sabía que pronto enloquecería
que era para su alma devorador,
que la risa que recordaba un día
sería un sonido enloquecedor.

La noche quiso hacer su aparición
en el momento menos deseado:
la luna no se había arreglado.

El sol volvió a cambiar de dirección
hacia el este se había encaminado:
una noche con cielo iluminado.

ED-BS

martes, 14 de abril de 2009

Soneto 1

No recuerdo cómo empezó todo esto
ni la oscura noche en la selva oscura
ni la herida en el pecho que no cura
ni la cara de miedo ni del resto.

He olvidado ya que no soy modesto
y que miento siempre por mi locura,
que la vida es un vaso de sangre dura.
Esa sonrisa fue su último gesto.

De sus ojos las lágrimas brotaban
rojas, sangrantes, buscando esperanzas
que se perdían y se incineraban.

Y lloraba su alma esas venganzas,
que siempre quiso ver cómo actuaban,
mientras el fuego clavaba sus lanzas.
.
.
ED-BS

domingo, 12 de abril de 2009

Pienso en música


Pienso en música. Pienso en palabras. Pienso en la orilla del mar. Pienso en la brisa. Pienso en literatura.
Pienso en una obra maestra, en una novela escrita en prosa para ser leída en verso. Una novela real, una novela de terror, una lectura incesante, una noche y muchas muertes.
Mi libro será así, al menos así lo imagino. Es un proyecto en construcción, un legado al que dejar mi vida. No creo que deba contar qué narra, pues yo mismo lo desconozco. Ríos de tinta y de sangre, escritos sin sentido que fluyen por agua y viento. No sé. No llevo ni cien páginas.
Pensé en un principio que era fácil comenzar un proyecto como este. Terminarlo es lo más difícil.
El cielo se cierra a mi paso y quiero volar, las alas se derriten, las ilusiones desaparecen y caigo, caigo para siempre en una espiral eterna de giros incesantes, donde la vida no deja de ser lo que es en la vida real. No es un sueño. Ya no es un sueño, es una realidad que se va formando por un lado y destruyéndose a su paso por el otro, a mayor velocidad. Todo se derrumba, la vida se destruye, llega la muerte, la desesperación, el final...
Sigo pensando en música, es lo único que me calma.
Voy a tener otra guitarra. Una Epiphone Les Paul de segunda mano.
Pienso en música y en literatura.
Mi libro no llega a tener cien páginas. Es como una pelusa debajo de la cama, cerca de la pared, en la esquina, donde nadie puede encontrarla pero que aún así ensucia la habitación. Es un deseo en construcción que destruye al resto de deseos. Es un sueño despierto. Es una espiral hacia el Infierno.

sábado, 4 de abril de 2009

¿Cambios?

Parecerá que he cambiado. Ya no visto de negro. Son cosas de la familia, a mi madre no le gusta que vista de negro. Pero no he cambiado, sigo siendo el mismo de siempre, el que escucha black metal y al que le gusta escribir. 
No he cambiado; ha cambiado mi forma de vestir. Y no ppor voluntad propia. Cuando me emancipe de mi familia ya me vistiré como quiera. No tendré a nadie detrás. O sí. No lo sé.
El caso es que todo es un sueño. Que el loco poeta que me sueña quiere que ya no vista de negro.
La vida es sueño y los sueños, sueños son.

martes, 31 de marzo de 2009

Vida de lobo


Una palabra, un gesto o una imagen pueden cambiar una vida.
Una ilusión, un proyecto, una idea pueden cambiar una forma de pensar.
Pero ¿qué demonios existe en este mundo para cambiar del todo a un ser como yo?
Los lobos no podemos hablar, pero un aullido vale más que mil palabras.
Los lobos no podemos agarrar, pero nuestras patas delanteras nos hacen ser veloces.
No somos como quisiéramos ser pero... ¿sois vosotros como quisierais? 
Las aves vuelan, pero se quejan de no poder nadar.
Los peces nadan, pero se quejan de no poder respirar fuera del agua.
No hagas más que no necesario para vivir y serás feliz. Porque en la supervivencia está escondido el verdadero placer de vivir.
Los animales lo sentimos mejor que los humanos.
Deberíais avergonzaros de lo que no sabéis hacer y no alardear de vuestros falsos inventos.

lunes, 30 de marzo de 2009

Letras

Letras. Letras que lo dicen todo, letras que lo son todo. Porque todo se dice con letras, que forman palabras, que forman frases, que forman oraciones...
Todo se expresa mediante estas letras, todas ella queridas de igual manera.
Las letras... ¡Cuánto tiempo me han hecho pararme y pensar! ¡Cuánto tiempo he perdido escogiendo a la que más convenía!
Las letras son los cerrojos de los tesoros. Esos tesoros que somos nosotros. Que aunque no tengamos alma, sí que escondemos lo que hay en nuestro interior. Escondemos nuestros sueños bajo los mantos de las letras.
No es difícil explicar un sueño con palabras: es imposible. Las letras son un lenguaje, los sueños son otro lenguaje. Y no se pueden traducir.
Las letras que hacen que leas esto. Transmisoras de información, portadoras de ilusiones, transportistas de disgustos...
Letras. Al fin y al cabo nos hacen existir. Porque sin ellas no habría nada.
Ni las palabras, ni los sueños.
Letras...
Espirales hacia el Infierno...
Todo es lo mismo en el mundo de los sueños.

viernes, 27 de marzo de 2009

¿Borracho?

Acabo de volver. He estado bebiendo con unos amigos. Lo tengo todo reciente, estoy con el borracheo en mi interior. 
Me preguntaría como me siento para expresarlo con estas palabras pero hasta me parece difícil escribirlas y estoy borrando letras continuamente. 
Me gusta, es una sensación nueva y, no se´, tranquilizadora, creo.
¿Qué he bebido?
Ron negrita con fanta de naranja y martini con fanta de limón. Pero a saco. Y es mi primer botellón. Me ha gustado, cero que haré uno por mes. Estaría bien.
Ya se que me mato neuronas pero no pasa nada, hay muchas.
Como dijo Picaso: los buenos artistas copian, los grandes roban.

martes, 24 de marzo de 2009

La Teoría de la Materia

Esta teoría que resumo en estas palabras es mi Teoría sobre la Materia. Es simple, fácil de entender y bastante coherente, aunque ninguno de los que la han conocido quieran decir que la creen (quizá porque no crean en ella).
La única materia que hay en el Universo es la luz. Sólo hay luz y falta de ella. Nosotros y todo lo que puedes ver es luz u oscuridad.
Y te preguntarás: ¿y entonces cómo es que me choco con las cosas? ¿Por qué algo puede ser duro o blando? Eso es de fácil respuesta: la luz puede tomar todas las formas que existen porque son rayos. La oscuridad ocupa el resto de los huecos. La luz es materia y es tangible. Todo lo que tocas es luz.
Y preguntarás: ¿entonces por qué no me choco con el aire?
Porque el aire es un espacio de luz en movimiento. Esa luz que hay en el aire pasa a formar parte de ti cuando pasas por esa zona. La luz está en continuo movimiento. Es lo que somos. Somos luz y oscuridad. 
Quizá sea más fácil de entender con un ejemplo.
Una pantalla de televisión puede enseñar miles de colores. Y no son más que sucesiones de ceros y unos. Pues en la realidad ocurre lo mismo: todo no es más que luces y sombras. La luz y la oscuridad son lo que forman el todo, la Naturaleza, la Materia.
Somos parte de la luz. Es lo que nos forma. La luz es nuestra esencia, por decirlo de alguna manera, pero es también la esencia de Todo.
Más o menos así se puede resumir la teoría. Es mucho más compleja. Ya veréis cuando salga a la luz (si es que sale algún día) cómo es posible y cierta.

sábado, 21 de marzo de 2009

Mar

La brisa nocturna del mar ondeaba su pelo y se lo movía hacia atrás. Por una vez en su vida podía decir que era felíz.

domingo, 15 de marzo de 2009

El llanto de los ángeles


El ruido era incesante, ensordecedor. Las viejas paredes de piedra que se sustentaban sobre una masa de cemento ya empezaban a temblar a causa del ruido. Los cristales de las ventanas estallaban en miles de diminutos trozos de vida cristalina mientras las almas de sus transparentes cuerpos emprendían el vuelo de vuelta a casa. 
El ruido continuaba y continuaba rompiendo lo que cada vez más dejaba de parecerse a una bien edificada casa-fortaleza. Y el ruido siguió rompiendolo todo.
¿De dónde procedía?
Era el llanto de los ángeles...

jueves, 12 de marzo de 2009

Verdad

Los personajes de los cuentos realmente existen. Las criaturas fantásticas no son fantasías, son la misma realidad que tú y yo somos. Los duendes, los peces que hablan, los muñecos andantes, los animales parlanchines, las nuevas especies (minotauros, cíclopes, náyades, ninfas, sirenas...), todos existen y son reales.
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El mundo de las ideas, el mundo de lo intangible, es duro, es real, es cierto, es puro. Este mundo de cuentos y habladurías, el mundo de las mentiras, es una verdad con mayúsculas.
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No pienses que trato de engañarte, lo que escribo te lo voy a demostrar. Sólo tienes que seguir leyendo.
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Era una mañana triste como otra cualquiera. El pirata Wastin se encontraba en la cubierta del barco. Era un gran navío de cuentos de piratas, con su vela principal, plegada sobre el mástil de no menos de quince metros de altura. Estaba en la cubierta, asomado al borde del barco, mirando el suave y a la vez fuerte movimiento de vaivén de las olas que chocaban contra la madera mojada.
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La sirena era bella, preciosa. Nadaba y buceaba por los alrededores de una isla escondida. Había visto un barco acercarse y se había deslizado hacia él para espiar.
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Yo estaba allí presente. Sólo cuento lo que he visto.

lunes, 9 de marzo de 2009

Morimos


Vale, ya estoy aburriendo con estas entradas sin sentido que estoy escribiendo últimamente. Pero es que es lo que pasa por mi mente: un sinfin de pensamientos sin sentido alguno que provocan locura en mi cabeza, una locura insana y amarga, un agridulce enloquecer diario que abruma el aire y destila el pensamiento en lágrimas de canción de cuna y olas de orilla de mar.
No sé más que lo justo para opinar que la vida es un tren y no tiene retorno. Que cuando has subido cada vez más te acercas al final de la vía, que se acaba... y morimos.
Morimos. Y es un tema que repito continuamente. Y no es que tema a la muerte. Pero no me importa. Sé que voy a morir, aunque me traten como a un loco.
Quizá sea cierto que soy un loco. O que estoy loco. No lo sé. No me importa.

sábado, 7 de marzo de 2009

Anonadado



Me anonado y dejo de sentir...
Mis sentimientos se excitan ante una presencia oculta.
No sé qué pensar, ya no sé decir, muero.
Este calor que siento que me hiela...
Estoy pero no estoy.
Sé que no soy.
En realidad no sé.
Es extraño no seguir hablando, perotodo lo que digo no tiene sentido.
El sentido es duro, duro y amargo.
El sentido se siente con los sentimientos.
Pero no hay sentimientos y, por lo tanto, no hay sentido.
No tiene sentido...
No tiene ningún sentido.
***Esto no tiene sentido***

miércoles, 4 de marzo de 2009

¿Importa?


Destilo odio, atrapo miedo. Soy la lucha entre el bien y el mal. Mi ira es trnquila y mansa, mi odio es áspero y doloroso.
Encuentro en el aire lo que no se vio nunca. Encuentro en el agua lo que nunca existió. Desisto y dejo se existir cuando mis alas vuelan por el negro del cielo nocturno. Vuelvo a la vida internándome en los ríos de los libros, en la tinta de los sueños que siempre quise escribir.
Soy inhumano, soy amoral, soy asocial... no existo.
Soy el bien de la guerra, el amante de la sabiduría, el tonto, el odio y la paz.
Soy nada, no soy más que nada.
Lo soy todo. Todo lo que quiero ser. Y lo que quiero, puedo. Y entonces lo puedo todo. Puedo volar, puedo sentir, puedo luchar, puedo morir y resucitar. Puedo ser nada y ser todo a la vez. Pero si no quiero, nada.
No nado, floto. Floto y levito en la totalidad, me deslizo entre las sombras del corazón, soy alimento de los animales, pero al mismo tiempo soy su hambre.
No sé quién soy. No lo sé, pero ¿acaso importa?

martes, 3 de marzo de 2009

Soñar la realidad

Despertar del mundo agresivo de la realidad para volver a internarse en el mundo de los sueños, allí donde las aguas secan y donde el fuego moja, allí donde las almas son físicas y nuestros cuerpos pueden ser tal y como nos gustaría.

lunes, 2 de marzo de 2009

La buena decisión


Tomar una buena decisión en un momento importante de tu vida no es fácil. Tampoco le pareció fácil a Indoria tomar esa decisión. ¿Que de qué te estoy hablando? Verás, te lo contaré si me lo permites.
Indoria era la mujer más guapa que haya podido conocer. Era más guapa aún que las modelos más admiradas a lo largo y ancho del planeta. Pertenecía a la especie de las ninfas. Vivía cerca de un arroyo donde se bañaba con sus amigas, desnudas todas ellas, mientras yo espiaba desde los matojos.
Era tan bella que hacía que los pájaros cantaran con más alegría, que las ardillas se acercaran al arroyo a ver su cuerpo desnudo y que los gnomos... no, los gnomos no existen.
Pues llegó un día en el que tuvo que tomar esa importante decisión. Resultaba que un mago se las había aparecido un día y le había prometido que, si ella, Indoria, quería poder obtener placeres sexuales, cosa que no podía tener debido a una grave enfermedad, él se los concedería sólo en el caso de que sólo pudiera obtenerlos con él. Es decir, que él le daba la capacidad de sentir placer, pero sólo si ella le prometía que el único placer que obtuviera lo hiciera con él.
Tras una semana entera de reflexión llegó a la conclusión de que sí que quería poder tener placer, por lo que él se lo concedió. Y para probar si ya lo tenía lo hicieron allí mismo.
Todo esto lo vi yo, con mis propios ojos, desde detrás de los matojos. ¡Cómo recuerdo los senos de Indoria moverse de adelante hacia detrás mientras el mago la penetraba! ¡Qué placer más exquisito debería estar obteniendo!
Cuando él se fue y ella se quedó sola me acerqué y, al ver que estaba dormida y estando yo tan caliente, la penetré. Follamos juntos, mientras ella pensaba que yo era el mago.
Cuando me fui no volví por esos parajes y no he vuelto a ver a Indoria nunca más. Pero sé que nunca olvidaré su rostro al decir que siguiera, nunca olvidaré esos senos, ni esa vagina que tanto me hizo gozar.
Todo esto es mentira. Las ninfas no existen.

domingo, 1 de marzo de 2009

Último día


Vivimos angustiados en el placer cotidiano de nuestra vida común y típica. Si nosotros somos lo único que queda ya en la Tierra, ¿qué será de los árboles del monte y de los animales de la selva?
Escucho cómo se quema el bosque.
Me acuerdo de la otra época, de cuando las ranas croaban y los perros ladraban; de cuando el viento movía las hojas de los árboles y los marineros navegaban en barcos de madera.
Escucho el crepitar de las hojas bajo el fuego.
Es cierta esa historia que se cuenta en las pequeñas aldeas del sur. Dicen que hubo un hombre sabio, un hombre extremadamente sabio, el cual, al enamorarse de una joven y bella mujer cayó en la tentación y murió. La historia fue la siguiente.
Era un hombre de pocas palabras, pero desde que tubo capacidad de pensar advirtió al resto de que su raciocinio era su arma más potente. Sus facultades intelectuales eran admiradas por todos, pero su capacidad de ser social era menor que la de cualquiera que estuviera a su lado.
Se descubrió que su ADN poseía características diferentes al del resto de las personas de aquél momento. Fue el primero de nustra generación. El primer hombre de nuestra raza.
Si te preguntas por qué te cuento esto espera a que te de la respuesta.
El olor a quemado me duele hasta los pulmones.
Resultó un ser de otra especie animal, una especie superior a la de los humanos de esa época. Y por ser mejor todos quisieron ser como él. Le arrancaron células para crear clones, pero muy pocas de las operaciones salieron con buen pie. Entonces decidieron obtener parte de sus células madre para poder sacar órganos mejores y beneficiosos e implantárselos. Desde luego todas estas operaciones eran muy costosas y sólo los afortunados con más dinero podían pensar en mejorar sus cualidades.
Ahora que estamos aquí, tú y yo, somos los únicos seres humanos del planeta. Qué será de nosotros no lo sabe nadie. Qué nos depara el futuro puedo anticipártelo. Moriremos. Moriremos, sí. Y probablemente lo haga yo antes que tú. Por eso te pido que cuando haya muerto, me entierres en esta tumba que he guardado desde hace décadas. Iba a ser para un hijo mío, pero no he llegado a tener ninguno.
El aire del fuego me nubla la vista.
Si me dejaras pedirte un favor...
Quisiera poder hacer algo contigo antes de morir. Ya sé que es una petición muy arriesgada, pero te advierto: si quieres puedes decir que no.
Quisiera poder hacer el amor contigo una vez. Una sóla vez. Pero quisiera hacerte disfrutar. Quisiera fundirme en tu interior.
El fuego se acerca, las llamas y el humo nos dan su calor.
¿Aceptas? ¿En serio? 
Te quiero, quiero que sepas que te quiero.

jueves, 26 de febrero de 2009

Soy lluvia


Soy lluvia en el vacío.
Soy un espíritu rebelde.
Soy parte del estío
y de la primavera agreste.
.
De abril a mayo vivo
y existo en verano
en agosto formo ríos
y en julio tormentas.
.
Soy invencible,
soy más fuerte que el hombre,
más fuerte que el viento,
más fuerte y más grande.
.
Soy inevitable,
no obligado.
Hago lo que quiero,
sólo si quiero salgo.
.
Produzco destrozos, 
arraso casas,
mato hombres, osos,
lobos, ratas.
.
Soy el agua de la lluvia
y la lluvia misma.
Soy quien dice basta
cuando hay llovizna.
.
Yo, en las alturas,
yo, en el alto cielo.
Yo soy quien enmudece
cuando suenan truenos.
.
Soy el relámpago doloroso,
soy la gota suave,
soy todo eso y más:
soy la lluvia y nada.
.
Soy quien quiero ser.
Puedo ser frágil o duro.
Lluvia, granizo, nieve,
truenos, relámpagos, oscuro.
.
No soy más que agua,
pero es que soy hasta agua.
Soy tan agua y tan fuerte...
Soy lluvia, soy lluvia.
.
.
ED-BS

miércoles, 25 de febrero de 2009

Me disfrazaré de árbol


Me disfrazaré de árbol y viviré en un bosque, donde ni los pájaros ni los ciervos sepan que soy yo. Me disfrazaré de árbol y las hormigas subirán por mi tronco, los pájaros anidarán en mi copa y los ciervos orinarán a mis pies.
Me disfrazaré de árbol para esconderme, para que nadie sepa quién soy ni quién he sido. Nunca quise ser visto. Nunca me dejaron elegir. 
Me disfrazaré de árbol y viviré de pie, como lo hacen los árboles. Me mantendré quieto, en un mismo lugar siempre hasta que mis pies saquen raíces.
Me alimentaré de lo que la Naturaleza me brinde, pues soy parte de ella y me reconocerá.
Engañaré a los animales y a las plantas que vivirán a mi alrededor, y a los que quieran saber quién soy o quién fui.
Me disfrazaré de árbol para sentir cómo puede un árbol no correr, no huir, no salir de donde no se quiere estar.
Me disfrazaré de árbol para sentir la lluvia sobre mi cabeza, la nieve en mis ramas, el sol en mi tronco, le escarcha matutina en mis hojas.
Me disfrazaré de árbol para vivir aislado, pues la Naturaleza es sabia y sabrá ofrecerme lo necesario para vivir.
Me disfrazaré de árbol para vivir día a día, para tener tiempo para pensar, para olvidarme de todas las personas y hacer que en mi mundo desaparezca para siempre el género humano, la raza que nunca existió.
Me disfrazaré de árbol para vivir un sueño, para ver desnudas a las náyades en las mañanas de primavera, para disfrutar de la vista de las ninfas de los arroyos, para existir en los libros y ser sóo palabras.
Me disfrazaré de árbol y viviré en el bosque, porque la Naturaleza es sabia y formo parte de ella. 
Me disfrazaré de árbol para ser libre, para vivir sin leyes y sin castigos.
Viviré sin llantos, sin dolores y sin angustias.
Me disfrazaré de árbol. Y no seré más que otro ser vivo.

lunes, 23 de febrero de 2009

La mejor forma de morir

Fue en un pueblo lejano y perdido, una noche oscura y fría de invierno. Todos habían quedado en la plaza principal para concluir la faena. Lo habían elegido por mayoría absoluta, sólo una de las chicas se había negado a hacerlo, pero al final se había convencido a sí misma de que era la mejor solución, aunque, sí que es cierto, no era la única.
La Luna les observava con delicadeza, envolviéndolos en un manto suave, casi transparente de luces destelleantes. Las hojas de los árboles que quedaban por los suelos se deslizaban produciendo un sonido que ponía la piel de gallina. Un gato les vigilaba desde lo alto de un tejado.
Y entonces decidieron hacerlo. Caminaron a paso decidido y con un poco de temor en las piernas. Era posible que todo acabara mal, pero era mejor no imaginarselo. Los compañeros caminaron aprisa y se acercaban cada vez más a su destino, pero al parecer, cada paso que daban, menos ganas de terminar tenían. No era quizás la mejor de sus ideas.
Decidieron no hacerlo. 
Dieron la vuelta.
Fueron todos juntos a la casa de una de ellas, cuyos padres estaban de viaje, y pusieron una película porno.
Se montaron una orgía en la que todos disfrutaron de lo lindo.
Pero al final no cumplieron su promesa.
A la mañana siguiente se les encontró a todos desnudos, muertos, en el momento de pleno éxtasis. Habían fallecido. Pero esa es la mejor forma de morir. Morir entre amigos, morir con amor y haciendo amor. Morir en una orgía.
Yo nunca presencié esa orgía. No vinieron a buscarme. No cumplieron su promesa. No me rescataron y se lo montaron ellos solos. 
Mala suerte. Ellos ahora están muertos.

domingo, 22 de febrero de 2009

Sin palabras

Una imagen vale más que mil palabras. (En realidad no lo creo, pues, a mi juicio, una palabra puede valer más que mil imágenes, pero esto es lo que hay: una imagen) 

sábado, 21 de febrero de 2009

Sólo soy una sombra

Soy la sombra de las sombras.
Soy un ser sin sombra.
Porque las sombras no tenemos sombra, nuestra sombra es la realidad.
Soy una sombra enorme, una sombra sola y temida.
No se me acerca nadie.
Las sombras que se acercan las engullo, y no por gusto propio.
No lo hago aposta, pero mi naturaleza de sombra hace que me quede con las sombras que entran en mí.
No soy más que una gran sombra.
Pero no tengo reflejo en la realidad.
No soy la sombra de nada ni de nadie, no tengo imagen.
Soy imperfecta, soy irreal, pero soy la sombra más grande y más oscura.
Vivo en la oscuridad de la noche.
Existo en las noches de Luna Nueva.
Soy la sombra que atrapa la realidad en una noche oscura.
Soy quien soy o lo que soy.
Yo soy yo.
Pero sólo soy una sombra.
Soy sólo una sombra.
Estoy solo, o sola.
Y sólo soy una sombra.

martes, 17 de febrero de 2009

Pienso, luego... ¿existo?

Razonemos sobre la famosa frase que dijo este personaje conocido como Platón.
Pienso luego existo.
O sea, que si no pienso... ¿no existo o como va esto?
No sé...
Pero ahora sí que estoy pensando, estoy existiendo.
Pero cuando duermo no existo, porque no pienso.

lunes, 16 de febrero de 2009

Extraño

Es extraño lo que vivo y es extraño lo que siento. Es extraño que no me entero de lo que ocurre a mi alrededor.
Tengo angustia interna por mi sabiduría, estoy fuera de mí mismo. Estoy en un círculo de contrastes, en una espiral de arte y dolor.
Y me siento extraño.

domingo, 15 de febrero de 2009

Odio a la gente...

Cada vez odio más a la gente. Ya no tengo ganas ni de salir a la calle a dar un simple paseo. No es que tenga miedo a la gente, es que la odio. Odio a todos por seguir modas y obligarse entre ellos a seguir otras.
Odio la gente por todo lo que hace, por todo lo que es. Me gustaría vivir en un mundo en el que sólo existieran animales y plantas. Que yo fuera el único ser humano. Aunque... no sé si soy humano.
Dicen que el ser humano es un ser social, por lo qu me excluye. No soy de la especie humana, no soy un ser humano. Pero, entonces... ¿qué soy?
Nada. No soy más que uno más de casi siete mil millones de personas que hay en el mundo. Aunque yo no sea persona, soy un pequeño ser de muchos millones más. Pero eso no me hace ser menos que todos los demás. Todos son igual de insignificantes que yo. Pero les odio.
No puedo dar motivos generales para afirmar que odio a la gente, pero lo hago. Y no por nada. No conozco a casi nadie, pero da igual. Odio a todos.
Odio ser un ser que vive en un mundo de muchos. Me gustaría que no hubiera nadie más, vivir en un mundo sólo, pero con lo necesario. Claro que... la gente debe servir para algo. Todo tiene su motivo, ¿no? Todo tiene su función, ya sea buena o mala.
Yo no he encontrado aún mi función, quizá sólo sea intentar alejarse del resto de la gente, intentar vivir sin socialización ni amistades, todo el día en casa, tocando música, estando frente la pantalla del ordenador, leyendo, escribiendo... Quizá esta sea mi función.
Odio la gente.
Odio estar acompañado.
Estaría mejor en una espiral hacia el Infierno.

sábado, 14 de febrero de 2009

Entrada número 100

Esta es la centésima entrada, la entrada número 100, y hay que celebrarlo. Pero no estoy hoy y ahora por ponerme a escribir mucho, así que os dejo la letra de una canción. Cuando no estás. De Skizoo.
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Cuando no estás
Fracasar en el intento de alcanzar alguna luz,
puede ser por mi complejo de avestruz.
Aprender de los errores tal vez nos cure en salud,
eso solo me lo podrás decir tú.

El escudo tras el cual no puedo verte,
es un muro que de muy poco va a servirte hoy.

Cuando no estás logro entender,
el significado de la soledad.
Cuando te vas, mi vida parece no valer la pena.
Cuando no estás,
cuando te vas.

Desvelar los miedos que impiden ver el cielo azul,
es ganarle la partida a Belcebú.
Aprender de los errores tal vez nos cure en salud,
eso solo me lo podrás decir tú.

El escudo tras el cual no puedo verte,
es un muro que de muy poco va a servirte hoy.

Cuando no estás logro entender,
el significado de la soledad.
Cuando te vas, mi vida parece no valer la pena.
Cuando no estás logro entender,
el significado de lo que me das.
Cuando te vas mi vida transcurre en desiertos de arena.
Cuando te vas...

Cuando no estás logro entender,
el significado de la soledad.
Cuando te vas, mi vida parece no valer la pena.
Cuando no estás logro entender,
el significado de lo que me das.
Cuando te vas mi vida transcurre en desiertos de arena.
Cuando te vas...

Cuando no estás,
cuando te vas...

jueves, 12 de febrero de 2009

Olvido


Soy el olvido, de tus sueños nací. Soy quien te hace recordar el pasado. Soy tus sueños, soy tu risa, soy tus lágrimas y tu dolor. Soy quien dicen que siempre ayuda. Soy el que te hace no recordar. Alegro a los tristes cuando ya no se acuerdan del motivo de su tristeza. En cambio a los felices no les alegra olvidar el por qué de sus alegrías.
Todo es y mucho más es mi trabajo.
Soy el olvido.
Pero no te acordarás.
Te olvidarás.

martes, 10 de febrero de 2009

Reiniciando

Me reinicio, resucito,
me reencarno en mí mismo pero antes de nacer.
Cambio de instintos,
dejo mis pensamientos y mi forma de ser.
Intento de nuevo ser uno mismo,
cambiar de forma de entender.
Al cambiar de lugar, cambio de sitio,
cambio de creer y parecer.
Ya no sé si soy o he sido,
pero sé que en el futuno nunca seré.
El futuro no existe ni ha existido,
nunca llegará de nuevo un ayer.
No estoy ni estuve escondido,
sólo que nunca me quisiste ver.
No me voy y nunca me he ido,
estaba pensado en este renacer.
¿He cambiado? No. Soy yo aún.
Entonces... ¿Qué?
He reiniciado mi mente.
Como si empezara de cero.
He intentado ser fuerte
pero no he sido de acero.
Sigo siendo el mismo de siempre.
Si no me recuerdas... es porque no existes.
.
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ED-BS

domingo, 8 de febrero de 2009

La ley obligatoria


Hay una ley que es la mas grave de todas: la ley de la gravedad.
No se puede hacer nada contra ella, a no ser que te saltes las leyes. Pero eso exige mucho dinero, y hay mucha gente que no lo tiene. La ley de la gravedad es grave porque nadie la ha impuesto. Y aunque ningun gobierno de ninguna nacion la haya obligado son pocas las personas que se atreven a saltarsela. La ley de la gravedad es un fenomeno fisico. Y tan fenomeno, que casi nadie se atreve a desafiarle. Y los pocos que se atreven prefieren estar lejos, en el espacio exterior.
No es mala la ley de la gravedad. Sin ella los platos no se romperian al caer, es cierto, pero sin ella tampoco podriamos sentarnos o tumbarnos para descansar y hacer el amor seria muy dificil (aunque no estaria mal probarlo sin gravedad).
En fin, es la ley mas grave de todas, es la ley de la gravedad.

sábado, 7 de febrero de 2009

Estoy aquí


No me he ido.

Ni me iré.

Siempre estoy en el mismo sitio.

No te olvides de mí.

No quiero que te olvides.

De nada.

Quiero estar cerca de tí, pero sé que no puedo.

Y me siento mal.

Porque no existes.

Eres mentira.

Eres un puto experimento de mi mente.

Eres mierda.

Pero no me olvides.

Sé que no podrás hacerlo.

No puedes hacer nada.

No existes, no haces, no vives.

Eres nada.

Pero quiero que sepas que estoy aquí.

Esperandote.

Haciéndome ilusiones de que algún día existirás.

Maldita conciencia.

Estoy aquí.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Sueños

El cielo se me cae encima. Los árboles se mueven atrevidos avalanzándo sus ramas sobre mí. No es más que un sueño. Un triste sueño.

El amigo de los Libros


-Esta vez sí, os lo prometo; no os defraudaré.
Los libros me siguieron mirando.
-¿Cómo quieres que lo que dices creamos?-
preguntó uno pequeño, con cara de interés.
.
-Está bien, os lo diré, pero no riáis de mi persona.
-Descuida, no lo haremos;
ya nuestros personajes pasan terribles historias.
Entonces os contaré y no seguiré leyendo.
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Iré al Retiro, sentaré en un banco mi trasero
y esperaré, quizás durante horas, no sé cuánto tiempo.
Alguien vendrá al lado mío
y me preguntará si tengo amigos.
.
Responderé con negatividad y verdad,
os echaré en falta, queridos libros,
a un lugar con gente me llevará
y de una secta seré ya nuevo testigo.
.
Ya sé que no queréis que ocurra
pero es de lo que trata mi destino.
No puedo hacer nada, no hay cura
para esta enfermedad que es mi sino.
.
Os dejo, amigos libros míos,
pero no por siempre, solo una temporada.
Seguro que volveré y os encontraré fríos.
Amigos míos, no me olvidéis por nada.
.
.
ED-BS

martes, 3 de febrero de 2009

¿Existe la existencia?


Repiquetean las gotas de lluvia en al ventana y en mi cabeza...

¿Qué me pasa? Me preguntan que qué me pasa.

No lo sé. Ya no sé ni si hay o no hay. Dudo de la misma existencia de las gotas de agua, del cristal en el que golpean, de la ventana, de esta casa, de esa puerta, de todas esas cosas y de muchas más.

Pero hay algo que tengo claro: yo existo.

Pero no existir en el sentido de que se me puede tocar, ver o sentir... no. Soy una idea, de eso estoy seguro.

De la otra forma puede que ni exista, ni yo ni nadie. Ni nada. Nada.

Dejo una pregunta en el aire.

¿Existe la existencia o es un mero hecho que no puede sino ser?

domingo, 1 de febrero de 2009

Vuelve a nevar


Me he despertado en esta mañana nevada
y he desayunado mirando por la ventana.
He vislumbrado cómo los árboles se tapaban
con esa capa que siempre será igual de blanca.
He encontrado algo nuevo en la explanada:
un pequeño pajarito con la panza blanqueada.
He descubierto que existe la fuente del agua
que llena por dentro todas las almas.
.
Me he dado cuenta de que hay esperanza,
de que mis huesos son huesos y no una nevada
que quedó perdida y nadie pudo alcanzarla,
de que además de mi cuerpo puedo tener alma,
de que la brisa se oye desde la cama.
He encontrado la luz que buscaba.
Estaba en los árboles, en todas las ramas.
Ya sé que existe la verdadera casa.
.
Y sigo mirando aún por la ventana
mientras sé que arden bosques en Australia.
Sé que en cambio climático es realidad cercana,
pero no me importa, no importa nada.
Es todavía por la mañana, y lo será o tra vez mañana.
No pasa el tiempo a velocidad incontrolada.
El tiempo es el arte de la sabiduría y saber controlarla.
El tiempo es arte y yo su obra acabada.
.
La nieve sigue cayendo por estas palabras,
cae despacio y en espirales amargas.
La nieve del cielo que fue desterrada,
que alegra a los niños y no a las ancianas.
La nieve cae, las palabras se acaban
pero en el recuerdo quedará siempre esta nevada.
Lo que escribo hoy se leerá mañana
aunque yo ya esté enterrado bajo una blanca manta.
.
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ED-BS

viernes, 30 de enero de 2009

Mar de fuego


No sabía cómo salir de ahí. El fuego, las llamas y la lava me rodeaban. Por suerte había podido salvarme de ese infierno gracias a una roca que flotaba sobre la lava. Pero veía que se derretía poco a poco por los lados, acercando la lava, el fuego, las llamas a mis patas.
Vi por un momento que había otro superviviente. Era un lobo. Salté hacia otra roca que flotaba, una más grande que en la que yo me mantenía, justo en el momento en el que la mía se derretía por completo. A punto estubieron mis patas traseras de quemarse, pero tube suerte.
El lobo parecía que me había visto. Probablemente yo fuera la última loba, la única que había sobrevivido. Probablemente no. El lobo me miró. Estaba en apuros. Quizá yo podría ayudarle, pensé. Sí. Me acerqué con mi roca flotante, que se dirigió hacia donde él se encontraba con una suerte de ola de ese mar de lava donde nos encontrábamos.
Salté hacia él, pero había saltado demasiado. No pude hacer nada, me iba a caer. Entonces vi que estaba a su lado, en el aire. Quise salvarme de la perdición y en un ademán de movimiento con el cuello sólo pude acercar el hocico hacia él. Hacia su cuello. Y lo mordí. Quería salvarme, era la única opción. Le mordí con todas mis fuerzas, y noté cómo mi cuerpo daba un giro en el aire. Tal vez hubiera funcionado. Pero de repente él cayó hacia mí. Toda la fuerza que yo había ejercido en mi mordisco había sido suficiente para que él perdiera el control y cayera hacia mí.
Yo estaba en el aire. Y él cayó hacia mí. Le solté. Él cayó sobre la lava y yo pude apoyar mis patas delanteras primero, las traseras después sobre su cuerpo que se hundía y vaporizaba. Caí de bruces en la roca que había al lado, sobre la que él se encontraba en el momento en el que le había visto. Pero ya no estaba. Me había quedado sola. Por lo menos estaba a salvo.
Pude librarme. Sobreviví. Y ahora vuelvo a ser humana. No volveré a cambiar mi forma. Ser loba me hizo matar. Matar a un lobo. Sufriré eternamente.

miércoles, 28 de enero de 2009

Seguir mi camino


Recuerdo lo que mi madre me decía todas las noches antes de acostarme. Lo recuerdo y lo echo de menos. ¿Hace cuántos años ya no la veo? ¿Treinta? ¿Treinta y cinco? También recuerdo lo que yo siempre le contestaba. Me hace gracia que con tan poca edad ya pensara de esa manera.
"Hasta mañana si Dios quiere", decía ella. Yo siempre respondía lo mismo. "Hasta mañana si Dios quiere. Y si no quiere, me da igual". Y ese "me da igual era una especie de "que se joda". Que se joda porque sí que es hasta mañana, joder. Que no me voy a morir esta noche.
Esa mentalidad era una mentalidad infantil. Era una mentalidad egoísta. Era una mentalidad personal y personalizada, en la que lo único importante en el mundo era yo y lo mío. Resulta difícil creer que siga pensando así, pero es cierto. Soy un egoísta. Me importo yo. Paso de los demás. La sociedad me es indiferente. No me importa nadie. No me importas. Ni tú ni nadie.
Porque en la vida cada uno debe seguir su propio camino. Porque mis pies no pisan las huellas de nadie y nadie pisa mis pies. Porque cada uno debe ir a su bola. Porque debo seguir mi camino. Lo importante es la supervivencia. Sobrevivir es nuestro objetivo. No lo olvides.

martes, 27 de enero de 2009

Aborto


Puede que pienses que el aborto es un tema serio. Puede que no. Puede que estés a favor y puede que estés en contra. Puede importarte o no importarte nada. Puede que lo puedas hacer por tu sexualidad de mujer o puede que no puedas hacerlo por ser hombre o ser estéril.
Eso a mí no me importa. No me parece tampoco un tema serio. Es lo que es, y punto. No voy a dar ideas que hagan pensar que estoy a favor, por su puesto, pero tampoco daré ideas para pensar que estoy en contra. Es más, intentaré explicarte que no mentiría si dijera que estoy a favor del aborto, que diría la verdad si dijese que estoy en contra. Que estoy a favor del aborto y en contra del aborto. Que no mentiría tampoco si dijese que odio el aborto, que diría cosa cierta si dijese que lo amo. Que me da igual. Que quiero dejar claro que no escribo esto para dar una opinión personal, que no quiero decir que estoy en contra, ni a favor. No quiero decir que estoy a favor y en contra. No quiero decir nada. Eso sí, si todas las mujeres del mundo abortasen todos los hijos que podrían tener a lo largo de unos cien años la especie humana se extinguiría. ¿A que mola? Pues de esto va esta historia.
Vian era una chica más. Se había acostado con un chico que había conocido la noche anterior. Y había disrutado una vez más del placer del sexo. Pero al hacerse la prueba de embarazo dio positivo. Y eso que se había tomado la píldora del día de después. Lo habían hecho sin condón.
Abortó. Y vivió setenta y cinco años más. Tuvo relaciones sexuales casi todas las semanas de su vida. Pero no tuvo nunca ningún hijo.
Muchas como ella hicieron lo mismo. El resto eran estériles. Y cuando todas murieron y los hombres intentaron sobrevivir ya eran todos ancianos.
El último hombre murió a las siete y venticuatro de la mañana del 16 de abril de 2168.
Eso es mi aborto. Yo soy un ser abortado.

lunes, 26 de enero de 2009

Llovía


Era el único vuelo de esa mañana en todo el aeropuerto. La verdad es que el aeropuerto no es muy grande que sólo salen unos tres aviones al día, y aterrizan los mismos tres. El avión se retrasó un poco, unos diez minutos, y en un rato ya estaba sentado en un asiento situado al fondo, casi en la última fila. En el lado de la ventanilla. Miré. Llovía.

Fijé la mirada en el asiento de delante mientras una señora de unos cincuenta y cinco años, quizá más, se sentaba a mi lado. Boeing 737-800, leí. Security information. Había unos dibujos debajo que indicaban todo lo que había que hacer en caso de emergencia. Para nuestra seguridad. No mentiría si dijese que en el fondo sí que tenía un poco de miedo. Había volado más veces, pero no estaba seguro de que todo saldría bien. Era otro aburrido viaje de negocios, a Santiago de Compostela. ¿Qué se me ha perdido a mí ahí?, me repetía para mis adentros cada minuto, mientras esperaba que los motores del avión se encendieran. Todo sería muy lento, lo tenía asumido, aunque el vuelo duraría apenas cuarenta y cinco minutos. Era poco, pero es que no estaba muy lejos. Yo pensaba que tardaría un poco más, las condiciones meteorológicas me hacían pensar eso. Dentro todo parecía normal. Pero sabía qué ocurría fuera. Llovía.

Me había fijado en una de las azafatas. Tenía acento inglés, pelo rubio, ojos pintados, una buena delantera, buen culo... Pensé que estaría casada. Volví a pensar y me dije que era demasiado joven para estarlo. Yo tenía treinta y cinco años y no estaba casado aún. Ella tendría unos veintiocho o veintinueve. Y me gustaba. Olía bien. Tenía las uñas pintadas de un color parecido al rojo, un poco más oscuro. Me deleité mirándola mientras explicaba qué había que hacer en caso de emergencia. Al mismo tiempo una voz de hombre explicaba lo mismo en inglés. Yo centraba mis sentidos en la azafata, sin prestar atención a lo que se oía por los altavoces. Dentro me sentía a salvo, cerca de ella. Fuera seguro que me mojaba. Llovía.

El piloto dio un aviso por el altavoz. Dijo cómo se llamaba y que el viaje duraría unos cuarenta y cinco minutos. Luego nos dio las gracias por escoger su aerolínea. Los motores se encendieron. Tardó un rato en arrancar. El avión se dirigió a la pista de despegue y después de girar un par de veces para colocarse de frente empezó a acelerar a tope. Yo miraba por la ventana, viendo pasar los árboles a una velocidad extrema. Las gotitas que había en el cristal se movían todas hacia atrás, como atraídas por una extraña fuerza. El suelo estaba mojado, y se seguía mojando. Seguramente las ruedas del avión levantaban gotas de agua. Volví la mirada hacia la señora que había a mi lado justo cuando el avión se separó del suelo. Me daba pánico mirar por la ventana y ver lo cerca que estaba del suelo al principio y lo lejos que estaba unos minutos después. Había que dejar las ventanillas abiertas en el despegue. Busqué a la azafata. No la vi. Estaba sentada delante, en una de las primeras filas. No quería mirar por la ventana por una sola razón. Llovía.

El avión se estabilizó y las luces del techo que indicaban que permaneciéramos con el cinturón se apagaron. Mi azafata se levantó, pude ver su rubia cabellera por delante. Me dormí. Soñé que estaba con la azafata en una habitación de hotel. Que ella se acercaba a mí, que la podía oler. Me besaba y yo la besaba a ella. La desnudaba, sí, y ella me desnudaba a mí. Era muy bella, extremadamente guapa, sobre todo desnuda y con la ayuda de mi imaginación. Nos besábamos, nos abrazábamos y su aroma me fundía a ella. Nos duchamos, sí, y me recubrió con el gel de ducha por todo el cuerpo. Nos seguíamos besando, yo también la embalsamaba con el gel. Le tocaba los pechos con mucha insistencia y ella reía con risa extranjera. Bajo la ducha soñé que hacíamos el amor. Bajo la ducha. Llovía.

Me desperté de golpe. Miré a los lados. A uno estaba la cincuentona, al otro seguía la ventanilla abierta y en ella muchas gotitas de agua. Lo que se podía ver a través de ella eran nubes, nada más. Estábamos dentro de una nube gigante. Me pregunté cómo podría el piloto ver a través de las nubes. Pero sabía que no podía. Que lo veía todo tan blanco y gris como yo. El cielo era una pasta de nubes sucias, pero una nube blanca nos cubría. Miré el reloj. Ya llevábamos media hora de viaje. Miré también al techo del avión. La lucecita del cinturón de seguridad estaba encendida. Ya estaríamos cerca. Cerca de Santiago de Compostela. En invierno. Haría frío, claro. Y seguro que llovía. Sabía que en Galicia casi siempre lo hacía. En verano menos, pero también. Es lo que tiene ese clima, pensé. Miré por la ventanilla de nuevo. Blanco. Pero el avión empezaba a bajar. Llovía.

Me limité a estar callado en mi asiento. La señora de al lado no me había dirigido la palabra en ningún momento y yo no pensaba hacerlo. El avión bajaba a gran velocidad y, aunque eso era lo normal, yo no estaba cómodo. Eché la cabeza hacia atrás, apoyando la coronilla en el respaldo. Notaba cómo se me taponaban los oídos. Me dolía la cabeza. Pensaba en el sueño, en la azafata. La busqué. Seguro que estaba delante, sentada en su asiento reservado con las otras azafatas. Dediqué el poco tiempo de aterrizaje a pensar en ella hasta que el avión tocó tierra con bastante éxito y entonces me quedé tranquilo. Miré por la ventana. El suelo estaba mojado. Llovía.

Cuando la luz del cinturón de seguridad se apagó los motores ya habían hecho lo propio y el interior del avión se convirtió en una jaula de grillos. Todos los pasajeros se levantaron rápidamente para coger su equipaje de mano que había en los maleteros encima de los asientos. Yo permanecí sentado en mi asiento hasta que la cosa se hubo calmado un poco. Cogí mi bolsa y me dirigí a la salida de delante, aunque mi asiento estaba por detrás y había una puerta trasera. Quería volver a ver a la azafata. Estaba ahí, delante, despidiéndose de los pasajeros. La miré. Me miró, con esos ojos pintados, marrones, grandes, preciosos. Seguí andando porque había gente detrás de mí. Adiós, dijo, aunque no estoy seguro de que me lo dijera a mí. Sabía que ella no sabía que había soñado con ella. Salí del avión. Llovía.

Fui corriendo hasta la puerta del aeropuerto y cuando estuve dentro busqué la salida. Antes me tomé la molestia de comprarme un paraguas. No quería mojarme. Nos metieron a todos los que habíamos volado en mi avión en un autobús. Nos llevaría al centro de la ciudad. Yo no quería ir al centro, pero no había taxis en el aeropuerto así que me tuve que aguantar. El camino desde el autobús se me pasó volando. Al salir cogí un taxi y dije al taxista el nombre del hotel al que debía ir. Los coches iban despacio, o al menos eso me parecía. El limpiaparabrisas se movía incesantemente de un lado a otro. Oí una voz. El taxista me decía el precio del trayecto. Me hice el despistado y pagué lo que le debía. Salí y me encontré ante un gran edificio. Era el hotel. Pero no estaba cómodo, todavía. Llovía.

En recepción me dijeron cuál era mi habitación. Me dieron la llave y subí. Misteriosamente me pareció que esa era la misma habitación con la que había soñado en el avión. Entré en el baño para asegurarme. Sí, se parecía mucho. Era un misterio, pero tenía cosas que hacer. La reunión iba a ser en ese mismo hotel a las cuatro de la tarde. Eran las doce todavía. Me daba tiempo a darme una cabezadita. Soñé otra vez con la azafata. Me había gustado demasiado. No podía creerlo, pero la habitación del sueño volvía a ser la de antes, la misma en la que estaba en ese momento. En este sueño ella miraba, desnuda, por la ventana. Las gotas de agua repiqueteaban contra el cristal. Llovía.

El día lo pasé en el hotel, sin salir fuera. No había parado de llover. La reunión no había sido muy exitosa, pero la empresa no se enfadaría mucho. De vuelta a la habitación, a eso de las seis miré por la ventana. Llovía.

El tiempo fue todo el día el mismo. Hoy he despertado de otro sueño con la azafata. Espero que nos volvamos a ver, aunque me parece que es prácticamente imposible. Ahora estoy frente a este papel escribiendo esto porque me parece extraño todo lo que ha pasado. Lo de la azafata, digo. La he visto esta mañana en la ducha de mi habitación. Me ha reconocido y nos hemos duchado juntos. Le he dicho que la amo, ella sólo ha fingido un orgasmo. Hemos hecho el amor, esta vez de verdad. Y todavía llueve. Hay una palabra que me ha dicho la azafata antes de irse. Me dijo que pasaba en el viaje. Llovía.

viernes, 23 de enero de 2009

Un momento


Me desperté otra vez más a las cuatro de la madrugada. Había dormido esas cinco horas que necesitaba y no volví a acostarme esa noche, lo mismo que hice las noches anteriores de después del Período.
Era el Período lo que había producido esos cambios en mí, pero había cambiado todo y a todos. Había sido un momento, pero había sido suficiente. El Período fue algo irracional, algo sin sentido, pero fue. Fue y nos cambió.
Dicen que el mundo es un jardín ameno. Pero erran con amargura. Primero, porque después del Período ya no queda ningún jardín en el mundo. Segundo, porque no hay nada ameno ya. Y eso hace que los cambios que se produjeron tras el Período sigan cambiando a la gente, día a día, hasta el último día.
Esa noche, a las cuatro, volví a levantarme de la cama para dirigirme a la ventana. Volví a abrirla como lo había hecho todos los días anteriores y aspiré profundamente una bocanada de contaminante aire contaminado. Tenía poco oxígeno, pero nuestros cuerpos ya se habían acostumbrado a respirar casi dióxido de carbono. Aún así, el resto de contaminantes que había en el ambiente de mi casa no se difuminaba con el aire contaminado de fuera. Era una atmósfera caliente, pesada, fuerte.
Esa noche volví a mirar por la ventana, dirigiendo mi mirada a un cielo cubierto de nubes. No eran nubes naturales, eran nubes de contaminación. Y esa noche volví a buscar la Luna tras esas nubes negras que cubrían la bóveda del cielo. No la encontré.
Es que había pasado todo en un momento, un pequeño instante había convertido lo que era un jardín ameno en un... robot gigante. Era tan simple que parecía imposible. Había sido un segundo, un momento de nada, pero el Período había cambiado la vida por completo. Y la Tierra no duraría ya mucho más.
Nosotros, los humanos, ya no somos como lo éramos antes. Yo ya soy anciano, pero a mis doscientos treinta y cuatro me conservo bastante bien. Si lees esto en el pasado te puede parecer extraño. No lo es tanto si tienes en cuenta los altos niveles tecnológicos de estos tiempos y la alta investigación que se hizo en la terapia génica con ADN mitocondrial. Podríamos decir que ya no sufrimos ninguna de las enfermedades que provocan la vejez que nuestros antepasados tuvieron.
Somos más duraderos, sí, pero ya no nos importa la Tierra. Nos lo cargamos. Y no es que yo sea un defensor de la naturaleza, si ya no queda nada, solo que quiero poder vivir algunos cuantos años más. Tras el Período me siento mucho más vivo, pero veo que el mundo se viene abajo. Todo se ha muerto ya, menos las personas. No queda naturaleza, solo quedamos nosotros. Bueno, nosotros y las máquinas.
Y pensar que solo fue un momento... Un momento que lo cambió todo. Hasta cambió el tiempo. Ya no funcionan los relojes normales. Ya un segundo no se mide según la duración correspondiente a la transición entre los niveles del isótopo 133 del átomo de cesio. Ya no hay segundos que valgan. El tiempo se acelera y se ralentiza, según le apetezca. Ha cobrado vida propia desde el momento del Período.
Un momento puede cambiar la vida. ¿Podrá cambiar la tuya?

jueves, 22 de enero de 2009

Despierta

Está dormida.
Me parece que para siempre.
Ya no despierta.
Nunca lo hará.
Son tantas las cosas que vivimos juntos...
Pero ya se ha dormido.
Ya no hay vuelta atrás.
Todos tenemos que morir, unos antes, otros después, pero todos moriremos.
Y ella ya lo ha hecho.
Mírala, qué bella es... qué bella plebella.
Espera. Me parece que se ha movido.
No, está quieta.
Deben haber sido imaginaciones mías.
Recuerdo cómo nos conocimos, fue una situción bastante curiosa.
No creo que sea el momento de recordar buenos tiempos.
No es necesario hacer más dolor al daño de estar vivo sin querer estarlo.
Ella no merecía morir.
Pero ahora quien la mira soy yo, y parece fría.
Toco una de sus manos, está fría.
Poso mi mano sobre su frente, aún hay algo de calor en ella, pero no lo suficiente.
Es difícil este momento, pero hay que afrontarlo.
Y me lo repetiré mil veces: está muerta, está muerta, está muerta, está muerta.
Sí que lo está, no puedo hacer nada.
Está muerta, está muerta.
Y ya lo estará para siempre.
Muerta, muerta, muerta, está muerta.
Espera. No es imposible. No puede haber movido un poco los párpados.
Ha debido de ser una imaginación mía, las ganas de tenerla viva de nuevo.
Está muerta, no debo engañarme, está muerta.
No. Se mueve.
Sus ojos se han movido.
No puede ser, pero lo he visto.
Seguro, lo ha hecho.
Rápido, traigan a un médico.
Sí, venga, vamos.
Vamos, despierta.
Está viva, está viva.
Ha abierto los ojos.
Me ha mirado.
Está despierta.
Está despierta.

miércoles, 21 de enero de 2009

Escribiendo


Escribo por escribir, por liberar mi alma y dejar de estar sumido en esta sociedad que es la nuestra y que es el mundo entero.
Escribo para dejarla volar, para que alcance todo la libertad, para que salga de mi cuerpo y, libre, vuele por la eternidad de las letras, de las palabras, de las frases y en definitiva, de la literatura escrita.

Dejo que mi mente fluya como un riachuelo en la sierra, permitiendo que las ideas salgan solas, que se transformen automáticamente en palabras y que mis manos, ya acostumbradas a teclear, pulsen la tecla correcta para cada letra, para cada sonido.

Es incesante el hecho de pensar pero muchas veces puede la mente bloquearse, dejar de utilizar palabras o imágenes para transmitir mensajes.
Y es en esos momentos de interrupción de la actividad cerebral, en ese instante en el que una neurona no hace sinapsis con otra, en el momento en el que no se produce electricidad cerebral, ese, es el momento perfecto para dejar volar al alma.

Las palabra son ideas, las personas son objetos... ¡Qué pesimista es la objetividad!
No sé qué pensar: si la realidad es subjetiva o si la objetividad es en cierto modo poco realista.
Ya sé que no tiene casi sentido, pero lo puedo explicar.
Todo tiene distintos puntos de vista.
Un terrorista, por ejemplo, puede ver a otro terrorista como un compañero y amigo o verlo como un rival odiado.
Del mismo modo, un ser humano o la realidad entera pueden ser vistos como realidades o como cosas que podrían ser reales o no serlo.
El problema en cuestión es que existe la duda.
La duda en el sentido de que no se tiene certeza de todo.
De que por que las matemáticas digan que dos más dos son cuatro no tiene por qué ser así.
Que dos más dos puede no ser cuatro, quién sabe.
A lo mejor en un futuro alguien descubre que puede ser así.

No sé, y ese es el problema: que tengo duda.
Duda de todo.
De hecho ni si quiera sé si estoy viviendo esto o si estoy siendo el sueño de un autista nacido en Groenlandia antes de la Primera Guerra Mundial.
Y no puedo estar seguro de eso, o de lo otro.
En parte porque tengo duda y en parte porque mi alma no está en mi cuerpo, sino que se desliza por los contornos de estas palabras que lees y que yo escribo no sé cuánto tiempo antes de que tú las leas.
Pero mi alma permanece en ellas.
Así que no sé qué hago aquí.

Bien, ahora toca volver a la realidad.
Ser un ser social no es fácil para un asocial como yo.
Pero es lo que hay.
Quiera o no.
Mala suerte.

martes, 20 de enero de 2009

Sin pensar

Hacemos cosas sin pensar, muchas cosas.
Las hacemos pero no sabemos que las hacemos.
No sabemos que las estamos haciendo, mejor dicho.
Porque nos damos cuenta de que las hemos hecho cuando ya no se puede hacer nada.
Cuando hablar ya no merece la pena.
Cuando es momento de entrar en el olvido.
En ese momento en el que ya no existimos y nos preguntamos acerca del mismo hecho de preguntarse.
Es en el momento en el que ni sabemos que sabemos, ni queremos saber, y sin embargo lo sabemos todo.
En ese momento no queremos estar muertos y solo vivir en el recuerdo, en los corazones y en los libros.
Yo ya quiero que llegue ese momento de saberlo todo.
Yo ya quiero vivir en los libros.
Yo ya lo quiero, pero... ¿quiero morir?
Por su puesto que no. No aún. No creo que sea el momento.
Pero de todas formas quiero vivir en los libros, quiero saberlo todo.
Es el momento de dejar de hacer las cosas sin pensar.
Ha llegado el momento de vivir para poder morir.
Para poder vivir en los libros y saberlo todo.
Es el momento de prepararse para el final.
Puede llegar pronto. Pero llegará antes si haces las cosas sin pensar.
O quizás si piensas puedes conseguir que la muerte llegue antes, y con ella la sabiduría y la vida en los libros.
Quiero vivir en los libros, empezaré a hacer las cosas sin pensar.
¿Acaso no es eso lo que ya estaba haciendo hasta ahora?
Pues entonces pensaré. ¿Qué más da?
Solo se lo que quiero, y que para ello tengo que morir. Sin embargo tengo mis dudas:
No se si tengo que hacer las cosas pensando o sin pensar.
Ahora esto lo estaba haciendo si pensar.
Pero ya es demasiado tarde.
Ya no puedo evitar que hayas leído esto.

lunes, 19 de enero de 2009

Volviendo a empezar


Me sumergí en una nube de tiniebla por donde los finos rayos de la Luna nocturna ya no llegaban a penetrar, donde la oscuridad era inmensa y las esquinas dejaban de existir, doblándose en el espacio y viajando a través del tiempo.
Las sombras me hacían temblar de miedo pero no podía rendirme, ya había llegado hasta ahí. Lo difícil parecía que ya lo había pasado. Se suponía que lo realmente peligroso era entrar en la casa, no estar dentro de ella. Se suponía que eso ya no me debía atemorizar pero, sin lugar a dudas lo estaba haciendo, y bastante bien, pues yo temía, ya no sólo por el hecho de estar ahí, si no que además temía por mi vida.
El caso es que ya había entrado. Había burlado a los perros con un filete y había conseguido entrar por una de las viejas ventanas cuyos cristales yacían muertos en pedazos a su alrededor. Había sido siniestra la forma en la que había conseguido entrar, como un delincuente cuando entra en la casa de su víctima durmiente, pero con la diferencia de que en esa casa no había ninguna víctima durmiente. O por lo menos eso pensaba.
El espacio en el que había entrado al saltar desde la ventana era una especie de salón antiguo, con retratos gigantes en las paredes y espejos sinuosos que más de una vez me hicieron dar un respingo al verme reflejado en ellos gracias a la tenue luz de la Luna que entraba a través de la misma ventana por la que había entrado yo y por sus compañeras ventanas de al lado.
Caminé lentamente, no sin asustarme al ver mi reflejo en uno de los grandes espejos, hasta llegar a una puerta. Miré el pomo con temor, imaginando que estaría cerrado para siempre y que no podría abrirlo jamás, quedando siempre oculto para el resto del mundo, siendo indiferente y escuchando el sonido de ese reloj antiguo que misteriosamente seguía sonando cada segundo desde quién sabía hace cuánto tiempo. Miré el pomo con amargura, sabiendo que si lo intentaba girar cedería y abriría la puerta, queriendo no abrirlo, pero con la necesidad de hacerlo. Mi mano sa acercó a él lentamente, ligeramente abierta, con los dedos un poco separados entre sí. Y noté el polvo que cubría el pomo tras haber estado mucho tiempo sin ser usado.
Abrí la puerta definitivamente, solo un poco, para saber si había algún tipo de luz. Nada. La oscuridad era el único habitante de aquella casa. Abrí la puerta del todo entonces, para permitir que entrara un poco de la suave luz de la Luna.
Era un pasillo. Había tres puertas en la pared de en frente y otras dos más en la misma pared en la que estaba la puerta que había abierto. Decidí dejarla abierta para que la luz pasara y me alumbrase. Intenté cruzar el pasillo. Aparecí otra vez fuera, delante de la ventana rota, volviendo a empezar. Y repetí los mismos pasos, abrí la puerta de nuevo, volví a intentar cruzar el pasillo y volví a estar delante de la ventana. Y es lo que me sigue pasando. Que siempre vuelvo a empezar.

domingo, 18 de enero de 2009

Encadenado


Me dijeron que estaría allí una temporada, que como máximo me querían durante un año. Si nadie pagaba el rescate antes de que el año pasara me matarían. No me dejarían ni un día más. La pudredumbre del lugar no era lo peor. Había ratas por todas partes, y me mordían a menudo. Tenía un bote de alcohol del noventa y seis por ciento y un trapo sucio y roto que utilizaba para limpiarme las heridas. Al poco tiempo me di cuenta de que el trapo sucio empeoraba las heridas y me las infectaba así que decidí darle otro uso al alcohol.
Todos los días me daban un vaso con agua y un trozo de pan que había sido arrancado a mano de la barra, pronto me di cuenta de que me daban el pan de la misma barra a lo largo de cada semana. El vaso lo usaba racionalmente para beber a lo largo de todo el día. Cuando el agua se acababa lo rellenaba con el alcohol y se lo daba a las ratas. Morían dolorosamente, lo cual me alegraba los días.
Día a día iba enloqueciendo, en parte por lo mal alimentado que estaba, en parte por las heridas que tenía a causa de las mordeduras de las ratas. De todos modos sabía que nadie pagaría mi rescate y que cada día que pasaba quedaba un día menos para el día de mi esperada muerte. No sabía cómo lo harían y esa era una de mis casuales preguntas que me hacía. Me daba clases a mí mismo de filosofía, con las cuales aumentaba mi locura y mis días se hacían cada vez más y más moótonos.
Era de suponer que los los raptores sabían que de una forma u otra moriría antes de que transcurriera el tiempo de vida que me habían dado y así no me matarían pero, aún así, esa era una de las dudas que me carcomían el poco cerebro que me funcionaba. Las ratas morían diariamente y mis dolores aumentaban casi cada hora.
Una cadena con un grillete me resguardaba el tobillo derecho. Ya no lo sentía. Era uno de los principales objetivos de mis animales de compañía debido a que la sangre que les podía proporcionar ya estaba su alcance. Los primeros días, tras las primeras heridas había decidido rociar sobre ellas el alcohol que me había dado. El escozor era inhumano.
Mis días pasaban y pasaban. Se convirtieron en meses, meses largos y dolorosos. Empecé a dejar de comer y los dolores cesaron, en parte porque cesó mi conciencia y en parte porque las ratas comían mi alimento y no me comían a mí. Un alegre día decidí acabar con mi vida. Para ello me dispuse a beber el alcohol que me habían dado los raptores el primer día. Desgraciadamente ya se había terminado. Mi vida seguiría, por lo menos hasta que llegara el día, ese día en el que acabarían conmigo si es que yo no había terminado con mi vida antes.
Volví a comer porque me deshidrataba. No lo hice a ciencia cierta, fue un simple problema de instinto lo que me hizo recuperar el hábito de comer. Mi cuerpo lo necesitaba. Aunque mi mente no lo quería. Mis fuerzas ya habían decaído. Mis reflejos ya no eran. Sólo me guiaba ya por el instinto. Aunque era dificil pasar las horas sin poder moverse. Y teniendo como única luz una ventanita cerca del techo de cristal tranlúcido (o muy sucia) por la que de día podía ver la luz del exterior, de la cual muy poca entraba en el interior.
Mis manos eran cada día más débiles, incluso me costaba moverlas para coger el trozo de pan diario y metérmelo en la boca. Ya ni me movía, y había perdido la movilidad en la pierna derecha. Mis planes de escapar, los cuales había existido desde el primer día y cada día que pasaba empezaban a desaparecer de mi mente, ya se habían esfumado por completo. Ninguna esperanza había en mi corazón. Ningún resquicio de esperanza, ni una pizca de intención siquiera de salir albergaban ya en mi interior.
Era dificil, cada vez más, seguir en esa situación, pero mi instinto (maldito instinto) me obligaba a sobrevivir, impidiendo que me suicidara, olvidando lo mal que lo pasaba. Me resistía a pesar que algún día volvería a ver el exterior, pero era tal mi locura que llegaba a pensar que me rescatarían al día siguiente. Cada día al día siguiente. Y así los días pasaban, muy lentamente, tanto que hasta me perdía en el tiempo, sin saber si había dejado de existir. Y cada día me preguntaba cuánto faltaría para mi muerte segura, quería saber, aunque no pudiera hacer nada al respecto, cuántos días me restaban.
Y ese sentimiento de agobio interior, junto con la locura y las heridas, junto con la oscuridad y las infecciones, junto con la cadena que me agarraba a la pared, me hacían gritar de día al sol y de noche a la luna como si fuera un hombre lobo. Y los días pasaban, y el agobio aumentaba. Y ya ni siquiera me quería morir. Pero ya no me creía vivo. Mi estado de locura me había llevado a un estado de trance diario que duraba horas y horas. Ya no me daba cuenta de que comía cuando comía, de que cagaba cuando cagaba o de que me dolía cuando alguna de las pocas ratas que quedaban me mordía en mi cuerpo sucio y desnudo.
Pronto empecé a imaginarme mundos, a vivir historias y a ser héroes. Y en eso se pasaban los días hasta que llegó el último día del encierro. Ya no reaccionaba, y no me di cuenta de que me sacaban de mi habitáculo. No me di cuenta de cómo me sacaban a la luz del sol, de cómo me colocaban desnudo sobre una tabla de madera y agarraban mis brazos a ella con unos grilletes. Ya no sentía nada. No me enteré de que era el momento de mi muerte.
Suavemente abrí los ojos para ver a una bella mujer clavar sus colmillos en mi cuello y dormir para siempre.