-Está aquí. Puedo olerlo.
domingo, 31 de mayo de 2009
El ático
-Está aquí. Puedo olerlo.
jueves, 28 de mayo de 2009
La marca
sábado, 23 de mayo de 2009
El terror, el miedo...

Hablemos del miedo. Primero prdríamos decir que es un sentimiento universal, algo que tenemos todos los seres humanos. Incluso podríamos ir más allá y decir sin errar que también está presente en los animales. El miedo como lo conocemos todos es lo que nos hace sentir ese cierto regustillo, es como si en el fondo nos gustara sentir el miedo.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Soneto 6
domingo, 17 de mayo de 2009
Al revés

jueves, 14 de mayo de 2009
Libre
Aprovecho este momento de libretad... Fluyo como una pluma en el viento y no tengo miedo porque no hay ningún peligro. Ni siquiera me puedo chocar, atravieso todos los objetos materiales.
domingo, 10 de mayo de 2009
Soneto 5

martes, 5 de mayo de 2009
Encarcelado
A veces intentaba pensar que todo esto era una pesadilla y que nada me estaba pasando en realidad, que pronto despertaría y que nada de esto habría pasado. Pero me he convencido de la realidad. Estoy atrapado. No puedo salir.jueves, 30 de abril de 2009
Puesta de sol

En un momento que puede tornarse eterno puedes contemplar todo lo que has vivido. Es en ese momento en el que te replanteas tu vida y cambias tu parecer. A mí no me ha pasado aún y espero que no me pase nunca. Quiero ser como soy; no quiero cambiar. Y aunque en el cielo aparezcan ángeles cantando la llegada del señor... No debo pensar. Eso no va a pasar. Y, además, ¿a qué viene esto? Yo sólo iba a escribir una descripción de un paisaje. O de una situación.
martes, 28 de abril de 2009
Soneto 4
lunes, 27 de abril de 2009
Donde está mi alma

En el interior de una cueva, en lo más oscuro de la montaña, allí arriba, a lo lejos, donde ni los mejores alpinistas ni los animales más feroces pueden llegar, allí donde la niebla lo cubre todo, en el rincón más oscuro de la cueva más pequeña y más escondida, allí está mi alma.
domingo, 26 de abril de 2009
Respuestas
miércoles, 22 de abril de 2009
Soneto 3

domingo, 19 de abril de 2009
El intento
El camino era largo, muy largo. Grandes árboles se abrían a sus pasos, a ambos lados. Laderas de abedules, olmos, bosques de pinos... Los árboles parecían mirarla mientras corría entre ellos, como burlándose de ella. sábado, 18 de abril de 2009
Soneto 2
martes, 14 de abril de 2009
Soneto 1
domingo, 12 de abril de 2009
Pienso en música

Pienso en música. Pienso en palabras. Pienso en la orilla del mar. Pienso en la brisa. Pienso en literatura.
sábado, 4 de abril de 2009
¿Cambios?
viernes, 3 de abril de 2009
martes, 31 de marzo de 2009
Vida de lobo

Una palabra, un gesto o una imagen pueden cambiar una vida.
lunes, 30 de marzo de 2009
Letras
Letras. Letras que lo dicen todo, letras que lo son todo. Porque todo se dice con letras, que forman palabras, que forman frases, que forman oraciones...viernes, 27 de marzo de 2009
¿Borracho?
Acabo de volver. He estado bebiendo con unos amigos. Lo tengo todo reciente, estoy con el borracheo en mi interior. martes, 24 de marzo de 2009
La Teoría de la Materia
sábado, 21 de marzo de 2009
Mar
domingo, 15 de marzo de 2009
El llanto de los ángeles

El ruido era incesante, ensordecedor. Las viejas paredes de piedra que se sustentaban sobre una masa de cemento ya empezaban a temblar a causa del ruido. Los cristales de las ventanas estallaban en miles de diminutos trozos de vida cristalina mientras las almas de sus transparentes cuerpos emprendían el vuelo de vuelta a casa.
jueves, 12 de marzo de 2009
Verdad
miércoles, 11 de marzo de 2009
lunes, 9 de marzo de 2009
Morimos

Vale, ya estoy aburriendo con estas entradas sin sentido que estoy escribiendo últimamente. Pero es que es lo que pasa por mi mente: un sinfin de pensamientos sin sentido alguno que provocan locura en mi cabeza, una locura insana y amarga, un agridulce enloquecer diario que abruma el aire y destila el pensamiento en lágrimas de canción de cuna y olas de orilla de mar.
sábado, 7 de marzo de 2009
Anonadado
miércoles, 4 de marzo de 2009
¿Importa?

Destilo odio, atrapo miedo. Soy la lucha entre el bien y el mal. Mi ira es trnquila y mansa, mi odio es áspero y doloroso.
martes, 3 de marzo de 2009
Soñar la realidad
lunes, 2 de marzo de 2009
La buena decisión

Tomar una buena decisión en un momento importante de tu vida no es fácil. Tampoco le pareció fácil a Indoria tomar esa decisión. ¿Que de qué te estoy hablando? Verás, te lo contaré si me lo permites.
domingo, 1 de marzo de 2009
Último día

Vivimos angustiados en el placer cotidiano de nuestra vida común y típica. Si nosotros somos lo único que queda ya en la Tierra, ¿qué será de los árboles del monte y de los animales de la selva?
jueves, 26 de febrero de 2009
Soy lluvia

miércoles, 25 de febrero de 2009
Me disfrazaré de árbol

Me disfrazaré de árbol y viviré en un bosque, donde ni los pájaros ni los ciervos sepan que soy yo. Me disfrazaré de árbol y las hormigas subirán por mi tronco, los pájaros anidarán en mi copa y los ciervos orinarán a mis pies.
lunes, 23 de febrero de 2009
La mejor forma de morir
domingo, 22 de febrero de 2009
Sin palabras
sábado, 21 de febrero de 2009
Sólo soy una sombra
Soy la sombra de las sombras. martes, 17 de febrero de 2009
Pienso, luego... ¿existo?
Pienso luego existo.
O sea, que si no pienso... ¿no existo o como va esto?
No sé...
Pero ahora sí que estoy pensando, estoy existiendo.
Pero cuando duermo no existo, porque no pienso.
lunes, 16 de febrero de 2009
Extraño
Tengo angustia interna por mi sabiduría, estoy fuera de mí mismo. Estoy en un círculo de contrastes, en una espiral de arte y dolor.
Y me siento extraño.
domingo, 15 de febrero de 2009
Odio a la gente...
Cada vez odio más a la gente. Ya no tengo ganas ni de salir a la calle a dar un simple paseo. No es que tenga miedo a la gente, es que la odio. Odio a todos por seguir modas y obligarse entre ellos a seguir otras.Odio la gente por todo lo que hace, por todo lo que es. Me gustaría vivir en un mundo en el que sólo existieran animales y plantas. Que yo fuera el único ser humano. Aunque... no sé si soy humano.
Dicen que el ser humano es un ser social, por lo qu me excluye. No soy de la especie humana, no soy un ser humano. Pero, entonces... ¿qué soy?
Nada. No soy más que uno más de casi siete mil millones de personas que hay en el mundo. Aunque yo no sea persona, soy un pequeño ser de muchos millones más. Pero eso no me hace ser menos que todos los demás. Todos son igual de insignificantes que yo. Pero les odio.
No puedo dar motivos generales para afirmar que odio a la gente, pero lo hago. Y no por nada. No conozco a casi nadie, pero da igual. Odio a todos.
Odio ser un ser que vive en un mundo de muchos. Me gustaría que no hubiera nadie más, vivir en un mundo sólo, pero con lo necesario. Claro que... la gente debe servir para algo. Todo tiene su motivo, ¿no? Todo tiene su función, ya sea buena o mala.
Yo no he encontrado aún mi función, quizá sólo sea intentar alejarse del resto de la gente, intentar vivir sin socialización ni amistades, todo el día en casa, tocando música, estando frente la pantalla del ordenador, leyendo, escribiendo... Quizá esta sea mi función.
Odio la gente.
Odio estar acompañado.
Estaría mejor en una espiral hacia el Infierno.
sábado, 14 de febrero de 2009
Entrada número 100
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Fracasar en el intento de alcanzar alguna luz,
puede ser por mi complejo de avestruz.
Aprender de los errores tal vez nos cure en salud,
eso solo me lo podrás decir tú.
El escudo tras el cual no puedo verte,
es un muro que de muy poco va a servirte hoy.
Cuando no estás logro entender,
el significado de la soledad.
Cuando te vas, mi vida parece no valer la pena.
Cuando no estás,
cuando te vas.
Desvelar los miedos que impiden ver el cielo azul,
es ganarle la partida a Belcebú.
Aprender de los errores tal vez nos cure en salud,
eso solo me lo podrás decir tú.
El escudo tras el cual no puedo verte,
es un muro que de muy poco va a servirte hoy.
Cuando no estás logro entender,
el significado de la soledad.
Cuando te vas, mi vida parece no valer la pena.
Cuando no estás logro entender,
el significado de lo que me das.
Cuando te vas mi vida transcurre en desiertos de arena.
Cuando te vas...
Cuando no estás logro entender,
el significado de la soledad.
Cuando te vas, mi vida parece no valer la pena.
Cuando no estás logro entender,
el significado de lo que me das.
Cuando te vas mi vida transcurre en desiertos de arena.
Cuando te vas...
Cuando no estás,
cuando te vas...
jueves, 12 de febrero de 2009
Olvido

Soy el olvido, de tus sueños nací. Soy quien te hace recordar el pasado. Soy tus sueños, soy tu risa, soy tus lágrimas y tu dolor. Soy quien dicen que siempre ayuda. Soy el que te hace no recordar. Alegro a los tristes cuando ya no se acuerdan del motivo de su tristeza. En cambio a los felices no les alegra olvidar el por qué de sus alegrías.
Todo es y mucho más es mi trabajo.
Soy el olvido.
Pero no te acordarás.
Te olvidarás.
martes, 10 de febrero de 2009
Reiniciando
me reencarno en mí mismo pero antes de nacer.
Cambio de instintos,
dejo mis pensamientos y mi forma de ser.
Intento de nuevo ser uno mismo,
cambiar de forma de entender.
Al cambiar de lugar, cambio de sitio,
cambio de creer y parecer.
Ya no sé si soy o he sido,
pero sé que en el futuno nunca seré.
El futuro no existe ni ha existido,
nunca llegará de nuevo un ayer.
No estoy ni estuve escondido,
sólo que nunca me quisiste ver.
No me voy y nunca me he ido,
estaba pensado en este renacer.
¿He cambiado? No. Soy yo aún.
Entonces... ¿Qué?
He reiniciado mi mente.
pero no he sido de acero.
Sigo siendo el mismo de siempre.
Si no me recuerdas... es porque no existes.
.
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ED-BS
domingo, 8 de febrero de 2009
La ley obligatoria

Hay una ley que es la mas grave de todas: la ley de la gravedad.
No se puede hacer nada contra ella, a no ser que te saltes las leyes. Pero eso exige mucho dinero, y hay mucha gente que no lo tiene. La ley de la gravedad es grave porque nadie la ha impuesto. Y aunque ningun gobierno de ninguna nacion la haya obligado son pocas las personas que se atreven a saltarsela. La ley de la gravedad es un fenomeno fisico. Y tan fenomeno, que casi nadie se atreve a desafiarle. Y los pocos que se atreven prefieren estar lejos, en el espacio exterior.
No es mala la ley de la gravedad. Sin ella los platos no se romperian al caer, es cierto, pero sin ella tampoco podriamos sentarnos o tumbarnos para descansar y hacer el amor seria muy dificil (aunque no estaria mal probarlo sin gravedad).
En fin, es la ley mas grave de todas, es la ley de la gravedad.
sábado, 7 de febrero de 2009
Estoy aquí

miércoles, 4 de febrero de 2009
Sueños
El amigo de los Libros

martes, 3 de febrero de 2009
¿Existe la existencia?

domingo, 1 de febrero de 2009
Vuelve a nevar

viernes, 30 de enero de 2009
Mar de fuego

miércoles, 28 de enero de 2009
Seguir mi camino

martes, 27 de enero de 2009
Aborto

lunes, 26 de enero de 2009
Llovía

Era el único vuelo de esa mañana en todo el aeropuerto. La verdad es que el aeropuerto no es muy grande que sólo salen unos tres aviones al día, y aterrizan los mismos tres. El avión se retrasó un poco, unos diez minutos, y en un rato ya estaba sentado en un asiento situado al fondo, casi en la última fila. En el lado de la ventanilla. Miré. Llovía.
Fijé la mirada en el asiento de delante mientras una señora de unos cincuenta y cinco años, quizá más, se sentaba a mi lado. Boeing 737-800, leí. Security information. Había unos dibujos debajo que indicaban todo lo que había que hacer en caso de emergencia. Para nuestra seguridad. No mentiría si dijese que en el fondo sí que tenía un poco de miedo. Había volado más veces, pero no estaba seguro de que todo saldría bien. Era otro aburrido viaje de negocios, a Santiago de Compostela. ¿Qué se me ha perdido a mí ahí?, me repetía para mis adentros cada minuto, mientras esperaba que los motores del avión se encendieran. Todo sería muy lento, lo tenía asumido, aunque el vuelo duraría apenas cuarenta y cinco minutos. Era poco, pero es que no estaba muy lejos. Yo pensaba que tardaría un poco más, las condiciones meteorológicas me hacían pensar eso. Dentro todo parecía normal. Pero sabía qué ocurría fuera. Llovía.
Me había fijado en una de las azafatas. Tenía acento inglés, pelo rubio, ojos pintados, una buena delantera, buen culo... Pensé que estaría casada. Volví a pensar y me dije que era demasiado joven para estarlo. Yo tenía treinta y cinco años y no estaba casado aún. Ella tendría unos veintiocho o veintinueve. Y me gustaba. Olía bien. Tenía las uñas pintadas de un color parecido al rojo, un poco más oscuro. Me deleité mirándola mientras explicaba qué había que hacer en caso de emergencia. Al mismo tiempo una voz de hombre explicaba lo mismo en inglés. Yo centraba mis sentidos en la azafata, sin prestar atención a lo que se oía por los altavoces. Dentro me sentía a salvo, cerca de ella. Fuera seguro que me mojaba. Llovía.
El piloto dio un aviso por el altavoz. Dijo cómo se llamaba y que el viaje duraría unos cuarenta y cinco minutos. Luego nos dio las gracias por escoger su aerolínea. Los motores se encendieron. Tardó un rato en arrancar. El avión se dirigió a la pista de despegue y después de girar un par de veces para colocarse de frente empezó a acelerar a tope. Yo miraba por la ventana, viendo pasar los árboles a una velocidad extrema. Las gotitas que había en el cristal se movían todas hacia atrás, como atraídas por una extraña fuerza. El suelo estaba mojado, y se seguía mojando. Seguramente las ruedas del avión levantaban gotas de agua. Volví la mirada hacia la señora que había a mi lado justo cuando el avión se separó del suelo. Me daba pánico mirar por la ventana y ver lo cerca que estaba del suelo al principio y lo lejos que estaba unos minutos después. Había que dejar las ventanillas abiertas en el despegue. Busqué a la azafata. No la vi. Estaba sentada delante, en una de las primeras filas. No quería mirar por la ventana por una sola razón. Llovía.
El avión se estabilizó y las luces del techo que indicaban que permaneciéramos con el cinturón se apagaron. Mi azafata se levantó, pude ver su rubia cabellera por delante. Me dormí. Soñé que estaba con la azafata en una habitación de hotel. Que ella se acercaba a mí, que la podía oler. Me besaba y yo la besaba a ella. La desnudaba, sí, y ella me desnudaba a mí. Era muy bella, extremadamente guapa, sobre todo desnuda y con la ayuda de mi imaginación. Nos besábamos, nos abrazábamos y su aroma me fundía a ella. Nos duchamos, sí, y me recubrió con el gel de ducha por todo el cuerpo. Nos seguíamos besando, yo también la embalsamaba con el gel. Le tocaba los pechos con mucha insistencia y ella reía con risa extranjera. Bajo la ducha soñé que hacíamos el amor. Bajo la ducha. Llovía.
Me desperté de golpe. Miré a los lados. A uno estaba la cincuentona, al otro seguía la ventanilla abierta y en ella muchas gotitas de agua. Lo que se podía ver a través de ella eran nubes, nada más. Estábamos dentro de una nube gigante. Me pregunté cómo podría el piloto ver a través de las nubes. Pero sabía que no podía. Que lo veía todo tan blanco y gris como yo. El cielo era una pasta de nubes sucias, pero una nube blanca nos cubría. Miré el reloj. Ya llevábamos media hora de viaje. Miré también al techo del avión. La lucecita del cinturón de seguridad estaba encendida. Ya estaríamos cerca. Cerca de Santiago de Compostela. En invierno. Haría frío, claro. Y seguro que llovía. Sabía que en Galicia casi siempre lo hacía. En verano menos, pero también. Es lo que tiene ese clima, pensé. Miré por la ventanilla de nuevo. Blanco. Pero el avión empezaba a bajar. Llovía.
Me limité a estar callado en mi asiento. La señora de al lado no me había dirigido la palabra en ningún momento y yo no pensaba hacerlo. El avión bajaba a gran velocidad y, aunque eso era lo normal, yo no estaba cómodo. Eché la cabeza hacia atrás, apoyando la coronilla en el respaldo. Notaba cómo se me taponaban los oídos. Me dolía la cabeza. Pensaba en el sueño, en la azafata. La busqué. Seguro que estaba delante, sentada en su asiento reservado con las otras azafatas. Dediqué el poco tiempo de aterrizaje a pensar en ella hasta que el avión tocó tierra con bastante éxito y entonces me quedé tranquilo. Miré por la ventana. El suelo estaba mojado. Llovía.
Cuando la luz del cinturón de seguridad se apagó los motores ya habían hecho lo propio y el interior del avión se convirtió en una jaula de grillos. Todos los pasajeros se levantaron rápidamente para coger su equipaje de mano que había en los maleteros encima de los asientos. Yo permanecí sentado en mi asiento hasta que la cosa se hubo calmado un poco. Cogí mi bolsa y me dirigí a la salida de delante, aunque mi asiento estaba por detrás y había una puerta trasera. Quería volver a ver a la azafata. Estaba ahí, delante, despidiéndose de los pasajeros. La miré. Me miró, con esos ojos pintados, marrones, grandes, preciosos. Seguí andando porque había gente detrás de mí. Adiós, dijo, aunque no estoy seguro de que me lo dijera a mí. Sabía que ella no sabía que había soñado con ella. Salí del avión. Llovía.
Fui corriendo hasta la puerta del aeropuerto y cuando estuve dentro busqué la salida. Antes me tomé la molestia de comprarme un paraguas. No quería mojarme. Nos metieron a todos los que habíamos volado en mi avión en un autobús. Nos llevaría al centro de la ciudad. Yo no quería ir al centro, pero no había taxis en el aeropuerto así que me tuve que aguantar. El camino desde el autobús se me pasó volando. Al salir cogí un taxi y dije al taxista el nombre del hotel al que debía ir. Los coches iban despacio, o al menos eso me parecía. El limpiaparabrisas se movía incesantemente de un lado a otro. Oí una voz. El taxista me decía el precio del trayecto. Me hice el despistado y pagué lo que le debía. Salí y me encontré ante un gran edificio. Era el hotel. Pero no estaba cómodo, todavía. Llovía.
En recepción me dijeron cuál era mi habitación. Me dieron la llave y subí. Misteriosamente me pareció que esa era la misma habitación con la que había soñado en el avión. Entré en el baño para asegurarme. Sí, se parecía mucho. Era un misterio, pero tenía cosas que hacer. La reunión iba a ser en ese mismo hotel a las cuatro de la tarde. Eran las doce todavía. Me daba tiempo a darme una cabezadita. Soñé otra vez con la azafata. Me había gustado demasiado. No podía creerlo, pero la habitación del sueño volvía a ser la de antes, la misma en la que estaba en ese momento. En este sueño ella miraba, desnuda, por la ventana. Las gotas de agua repiqueteaban contra el cristal. Llovía.
El día lo pasé en el hotel, sin salir fuera. No había parado de llover. La reunión no había sido muy exitosa, pero la empresa no se enfadaría mucho. De vuelta a la habitación, a eso de las seis miré por la ventana. Llovía.
El tiempo fue todo el día el mismo. Hoy he despertado de otro sueño con la azafata. Espero que nos volvamos a ver, aunque me parece que es prácticamente imposible. Ahora estoy frente a este papel escribiendo esto porque me parece extraño todo lo que ha pasado. Lo de la azafata, digo. La he visto esta mañana en la ducha de mi habitación. Me ha reconocido y nos hemos duchado juntos. Le he dicho que la amo, ella sólo ha fingido un orgasmo. Hemos hecho el amor, esta vez de verdad. Y todavía llueve. Hay una palabra que me ha dicho la azafata antes de irse. Me dijo que pasaba en el viaje. Llovía.
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