domingo, 29 de noviembre de 2009

Capítulo 36

Este es el capítulo 36 de la novela que estoy escribiendo. He creído conveniente colgarlo aquí, no me preguntes por qué.

Á

ngela estaba nerviosa. Ella había sido la elegida para el sacrificio. No lo había pedido, pero había sido la elegida. En realidad le había pasado todo muy rápido. Ella nunca habría imaginado que acabaría su vida así. Nunca había pensado que sería asesinada de esa manera, que moriría en mi nombre, aunque sí que había pensado muchas veces en morir.

Nunca había sentido ningún tipo de cariño hacia sus padres. Su madre había muerto en el parto, pero al parecer, había querido abortar; su padre trabajaba sirviendo en un bar de copas y se pasaba el día borracho y cuando llegaba a casa pegaba a su hija. Ángela nunca le había querido.

En ocasiones Ángela se dejaba llevar por espirales infinitas a mundos de desolación y tinieblas, pero siempre se sentía lo suficientemente fuerte como para rehacer sus pasos y ascender de nuevo al mundo de los mortales. Era en esas ocasiones en las que se sentía más cercana a la muerte cuando se sentía más viva. Y era también en esas ocasiones en las que dejaba volar su imaginación y creaba mundos nuevos y los transformaba en poesía. Tomaba prestadas palabras creadas por otros y las plegaba, las retorcía, las amasaba y las arrugaba transformándolas en obras maestras, obras de arte que nadie más que ella era capaz de disfrutar y que acababan todas escondidas, acurrucadas en una libreta que se ocultaba en la oscuridad de un pequeño cajón en su habitación.

No permitía en ningún momento que nadie leyera sus poesías, eran para ella un santuario en el que se encerraba cuando las releía, una cámara sagrada en la que sólo ella podía entrar. Aunque, a decir verdad, tampoco había mucha gente que conociera ese mundo de Ángela, pues lo guardaba y lo mantenía en secreto ante cualquiera que quisiera atisbar en el interior de su alma. De todos modos, tampoco eran muchas las personas que se interesaban en ella.

Iba a un instituto público, donde había conocido a sus nuevas amigas, después de haberse cambiado de colegio varias veces y haber dejado que el olvido enterrase bajo ceniza sus antiguas relaciones amistosas. Sin embargo, esas relaciones nunca llegaban a ser suficientemente íntimas como para merecer una segunda oportunidad.

Y en este nuevo instituto era donde había conocido a sus actuales amistades que, al igual que las anteriores, no habían llegado a florecer. No obstante, había una chica que sí parecía tener interés en ella. Blanca, que así era como se llamaba, era una joven de grandes ojos verdes y cabellos anaranjados, brillantes al ser sorprendidos por la luz del sol, que estaba en la misma clase que Ángela y a que se había acercado a ella desde los primeros días del curso.

A estas alturas, ya en diciembre, parecía ser una chica lista, con muy buenos resultados en las notas académicas —rasgo que compartía con Ángela— y con ansias por aprender. Aún así, era una chica que no se abría con facilidad a la gente sin conocerla antes. Esta cualidad de Blanca había creado en Ángela vínculo especial, pues sentía que por fin había encontrado una amiga de verdad.

Con ella se había sincerado tanto como para llegar a contarle sus más secretas vivencias y había roto las cadenas que las guardaban, deshaciendo en pedazos los duros y resistentes candados que las protegían. Y eso había sido un trágico error. Ese error le hizo cambiar de idea acerca de todo lo que ella creía que era su vida. En primer lugar pensó que habría sido un malentendido, pero al conocer la verdad, todas sus ilusiones se las llevó una gran nube de desolación.

La traición que Blanca había cometido contra Ángela no tenía perdón, y eso era otro problema. Ángela ya no podría perdonarla, es más, nunca lo llegó a hacer, pero Ángela sabía que la traición no debía solventarse con la venganza. Y esto la llevó a introducirse en otro mundo, un mundo que desconocía pero que llamó su atención desde el primer momento. Ángela se había metido tanto en ese nuevo mundo, que no era más que un caos de ideas y poesía, que había perdido la razón. Ese mundo creado por ella la volvió loca.

Una cosa llevó a la otra, y la locura hizo que Ángela cayera de rodillas ante la vida y se rindiera, la poesía no era suficiente medicina para tan fuerte enfermedad y pensaba que ya no sería necesario arrepentirse de nada. Con esto llegó a la conclusión de que debía suicidarse.

Fue justo el día en el que Ángela había tomado la cruda decisión cuando uno de los miembros de la Hermandad de la Medianoche se acercó a ella y le propuso la posibilidad de ser sacrificada por mí. Ella no lo dudó ni un instante y accedió.

Y ahora allí se encontraba Ángela, a las doce menos dos minutos de la noche, en una extraña guarida escondida, con cientos de pasadizos y habitaciones oscuras, dispuesta a sacrificar su vida por mi llegada. Había más chicas para el sacrificio, pero la habían elegido a ella. Ella moriría por mí, aunque no llegaba a tenerlo claro. La idea del suicidio era tentadora, pero requería más fuerza de voluntad.

Estaba en una habitación oscura, de paredes amarillentas, alumbradas por una sola bombilla que tintineaba colgando de un delgado cable que parecía resistir el peso con dificultad. Estaba nerviosa. No tenía miedo, pues estaba segura de lo que hacía, pero aun así, no era capaz de mantenerse quieta. Las rodillas le temblaban.

Será por la emoción, pensó. ¿Emoción? Estoy loca, ¿cómo voy a estar emocionada? Me van a asesinar...

Una mujer de unos veinticinco años se acercó a ella por la espalda.

—Ángela —dijo­—, ponte este traje.

Ángela se giró justo a tiempo para ver cómo la chica le entregaba un bonito traje blanco bordado con guirnaldas doradas.

Es una preciosidad, pensó mientras lo sostenía con sumo cuidado con las dos manos.

—Vale, gracias. Me lo pongo ahora mismo.

Había un espejo de cuerpo entero en la habitación, y Ángela no pudo evitar mirarse en el espejo cuando se desnudaba.

Esa soy yo... Así soy yo.

Se fijaba en su figura. Le gustaba, se gustaba bastante; a decir verdad, era una chica muy guapa. Era uno de los mejores sacrificios que se me podía ofrecer a esas alturas, Venom lo había preparado todo muy bien. O al menos eso creía.

Mientras se miraba al espejo, Ángela se vistió el traje. Le quedaba muy bien y se sintió satisfecha.

Voy a morir vestida como una dama de la Edad Media, rió para sus adentros. Voy a morir porque ellos lo necesitan... Al final no voy a ser tan estúpida como decía Blanca...

—Ángela —dijo una voz interrumpiendo de golpe sus pensamientos—. Vamos a empezar.

Ella suspiró. Sí, iban a empezar, pero para ella eso no era el principio. Era el final. Ella lo había decidido así. Era su elección, no había nada que objetar. Se miró por última vez al espejo y pudo distinguir en la figura que se reflejaba una pequeña sonrisa en el rostro. Sí, había sonreído. Por fin había encontrado el sentido de su vida. Había descubierto el motivo de todo aquello que había escrito, la verdad de sus poemas, la realidad que se escondía en cada uno de sus versos. Por fin se daba cuenta de lo inteligente que era... ¿Cómo iba a destruir así una vida tan bella? Tal vez se hubiera preguntado eso como tú te lo puedes preguntar, pero... debes recordar que Ángela estaba loca.

Atravesó el umbral de la puerta que separaba la pequeña habitación de la verdadera cripta que servía de capilla de ceremonias. Aspiró todo el aire que le cabía en los pulmones y, con paso decidido, se dirigió al altar, con la cabeza bien alta. Pudo ver cómo las miradas de todos lo allí presentes la seguían fijamente y eso le dio más coraje.

Venom la esperaba de pie ante su trono. La capucha sobre la cabeza y la penumbra en la que se encontraba evitaban que los testigos pudieran diferenciar los rasgos de su cara, que habían formado una extraña sonrisa. Venom veía que se acercaba el momento de mi llegada, ya apenas quedaba un mísero minuto.

Ángela caminó hasta llegar ante él e hizo una leve reverencia inclinando la cabeza. No debía hablar, así se lo habían comunicado, así que no pronunció ni una sola palabra. Se dio la vuelta para quedar dándole la espalda a Venom y mirando con gesto pasivo a los presentes. Entre ellos pudo distinguir a la chica que le había entregado el bonito vestido.

Su mirada se deslizó como una sombra deteniéndose en cada uno de los rostros que veía, casi todos desconocidos. Los había serios, angustiados, nerviosos, con ganas, con miedo... Todos ellos iban a presenciar su muerte. Todos ellos asistirían al último segundo de su vida. Todos ellos serían los últimos rostros que Ángela vería en su vida. Esos rostros serían los de las últimas personas en cuyo mirar Ángela se podría sentir reflejada.

Estaba triste, pero preparada. Se sentía dispuesta a morir. Era su momento. Los segundos pasaban tan lentamente para ella que el último minuto de vida se le antojaba una eternidad. Una eternidad amarga y fría, un escalofrío latente que ahora se dejaba ver y que la atemorizaba. Mientras miraba a los asistentes no se daba cuenta de que Pablo había aparecido por una puerta desde detrás del altar.

Las miradas de todos los presentes se fijaron en Pablo mientras se acercaba a Venom. Llevaba puesta una túnica negra similar a la de los guardias, pero con el signo de baphomet cosido en la parte del pecho, con la capucha echada sobre la cabeza. Se acercó hacia un lado de la habitación donde se escondía un gran almohadón sobre el que reposaba una antigua espada.

¡Oh!, gritó para sus adentros Ángela, que se había dado la vuelta y miraba aterrorizada cómo Pablo tomaba lentamente la espada con sus manos. No me dijeron que sería así. Yo no quiero que me atraviesen con una espada... Y este vestido... El vestido no se merece ningún corte... No pueden rasgarlo... No...

Una delgada y cálida lágrima resbaló por su mejilla dejando un cristalino rastro a su paso. Y esa lágrima no era una lágrima de pena, era una lágrima de locura. Y era todo lo que tenía que llorar. No necesitaba más que una sola lágrima para desahogarse, para quitarse todas sus preocupaciones humanas y sentirse libre y preparada para ser entregada y llegar a mi presencia. Una única lágrima resumía todo su dolor y su locura.

Pablo se situó ante Venom con la espada entre los dedos y tomó la mano de su señor con la suya y la dirigió hacia sus labios.

—Sea lo que está escrito —susurró; y besó la mano de Venom.

Pablo se dio la vuelta y dirigió una gélida mirada a su víctima. Sí, la iba a matar, a ella, una chica que no conocía de nada pero que había elegido morir. Ella había tomado la decisión y a Pablo le tocaba el trabajo sucio, la parte que más le gustaba.

Alzó la espada con un rápido gesto.

Ángela sintió miedo y no pudo más que cerrar los ojos y soltar un grito antes de sentir cómo la espada se clavaba en su cráneo y lo destrozaba. Durante una milésima de segundo sintió que se le tensaba el cuerpo entero y una especie de relámpago blanco le nublaba el cerebro. Todos los sonidos eran lejanos, el tiempo parecía haberse detenido. Pero después de eso, nada. Estaba muerta, muerta al fin.

Pablo lo había hecho tal y como debía, justo en el momento exacto. Las doce de la noche. Como estaba escrito. A los ojos de Venom todo había sucedido tal y como debía haber sucedido. Él pensaba que con eso era suficiente, que no había nada más, pero estaba equivocado. Pablo conocía cierta información que había ocultado a su señor. Y Venom nunca lo sabría.

En ese momento, justo al atravesar el filo de la espada la cabeza de la joven, llegué a este mundo. No lo hice tal y como nadie lo hubiera imaginado, eso también formaba parte de mi plan. Porque debía combatir contra Luis. La clásica lucha entre el bien y el mal de vuestras películas iba a tener por fin un ejemplo real. Y por fin vencería el que tenía que vencer.

En la capilla se había formado un silencio que no se quebrantó hasta muchos minutos después. El cuerpo de Ángela había caído al suelo y estaba mojado en sangre, al igual que el blanco vestido. Su cabeza estaba destrozada y de ella emanaba la sangre que seguía inundando la sala. Todos los que habían presenciado la escena estaban fuera, cada uno preparándose para estar en su puesto, pues esperaban mi llegada como la de un ser humano superior o un superhombre.

Sólo Venom y Pablo se habían quedado en la capilla unos minutos más. Pablo limpiaba la espada con esmero con un trapo húmedo. Venom le observaba sentado en su trono.

—Por fin ha ocurrido —dijo su cavernosa voz.

Pablo no contestó; seguía con su labor de limpieza.

—Siempre supe que al fin todo esto pasaría. Muchos años he tenido que esperar para ver llegar este momento.

Pablo depositó con cuidado la espada sobre el almohadón y se postró ante Venom. Se quitó la capucha.

—No tiene sentido —dijo.

Y antes de que Venom se hubiera dado cuenta, había atravesado la puerta de la capilla.

martes, 24 de noviembre de 2009

¿Atracción psicológica?

Una de mis teorías en las que baso muchas cosas es la de que el amor no existe. El amor como tal, pues lo ha inventado la sociedad.
El amor como mentira, como idea abstracta de algo que no existe, que no se tiene...
Pero sí que existe la atracción sexual, por su puesto. Y es esa la física, que es un hecho químico, por la cual el hipotálamo segrega feromonas que el otro puede percibir (¿mediante el olfato?) y por ellas producir otro tipo de hormonas. Es un hecho bioquímico, un proceso natural, nada fuera de lo normal.
Pero también he llegado a una conclusión: dentro de esa atracción sexual debe existir, además, una atracción psicológica, una atracción guiada por el subconsciente, que es irracional y subjetiva, que en cada uno es diferente...
Esa es la parte más complicada de explicar, pues tiene una semejanza extrema al amor que la sociedad conoce. Es un proceso mental, un ente que hace que estés dándole vueltas a un asunto en tu cabeza continuamente, que a veces no te deja pensar... Pero, vaya, no es más que un proceso biológico, al fin y al cabo. Mental, sí, pero biológico.
Y la parte más enrevesada es la de que es subjetivo, es irracional, no tiene ningún tipo de explicación racional. Esta afirmación no es del todo correcta, pues seguramente tenga su explicación y cualquier médico o especialista en el cerebro humano sería capaz de explicarnos con todo lujo de detalles lo que ocurre en nuestra cabeza. O tal vez no. Es un tema poco conocido, nos conocemos muy bien por fuera y por dentro, pero no conocemos nuestra forma de pensar.
¿Y un psicólogo? No sé si un psicólogo podría explicarlo. Tal vez sea cosa de la sociedad, tal vez sea una reacción habitual contra una sensación extraña. ¿Amor? Quién sabe. Yo, por ahora, no tengo pruebas de que exista. O por lo menos eso es lo que quiero creer.

domingo, 22 de noviembre de 2009

200

Aunque no lo parezca, esta es la entrada número 200 en este blog.
He escrito 199 veces y he escrito de todo. Creo que es hora de evaluarlo, pero eso no es trabajo mío, es trabajo tuyo, sí, tuyo, que estás leyendo esto.
Así que... me gustaría que evaluaras o dijeras algo acerca del blog con un comentario.
Muchas gracias, aunque sé que nadie comentará.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Idiota

Soy idiota.
Soy imbécil.
Soy tonto, tonto, tonto...
Maldita sea mi timidez.
¿Por qué?
¿Por qué tengo que ser así?
Soy tonto...
¡Joder!
Nunca más tendré una ocasión así.
¡Oh! Maldito sea yo mismo.

viernes, 20 de noviembre de 2009

El grito

Una vez, hace ya mucho tiempo, oí una historia que me heló la sangre. Esta historia la narraba un hombre que no conocía por entonces, un anciano con apariencia de loco que más tarde se convirtió en mi maestro. No solo fue la historia lo que me llamó la atención, sino también el cómo la contaba, con gestos y paradas inesperadas, con cambios de intensidad a lo largo de la narración...
La historia era algo parecido a esta.
Era de noche, pero podía ser cualquier hora, pues dentro de aquella casa siempre estaba oscuro. Las ventanas permanecían cerradas completamente, las persianas bajadas evitaban que en cualquier momento entrara luz en la habitación, pero tampoco había luz en el resto de la casa. Aunque el resto de zonas de la casa estaban en desuso. Solo la habitación aquella, una de paredes amarillas que no se veían debido a la oscuridad, una habitación que medía más o menos tres metros cuadrados, pero que en la oscuridad se antojaba amplia debido a la falta absoluta de mobiliario. Era una habitación vieja, sin ningún tipo de iluminación, totalmente oscura.
Nunca nadie habría imaginado que se llegaran a hacer cosas tan terroríficas, tan alocadas y sin sentido. Aunque sí que tenían cierto sentido, solo que no era el sentido de los cuerdos. Solo un loco puede conocer ese sentido, solo alguien que ha perdido el juicio puede comprender la razón y encontrar el sentido a tales descabelladas atrocidades.
Nunca nadie entró en la habitación después de la noche del 20 de noviembre de 2009. Nunca nadie volvió a preguntarse el porqué de tales aberraciones, nadie ha tenido desde entonces la valentía de cuestionárselas.
Cuando faltaban quince minutos para la medianoche, un grito alumbró la estancia y fue solo ese grito lo que iluminó la habitación. Las cochambrosas paredes, macizas hacía años, se derrumbaron por la fuerza y la presión. Aquella mujer murió aplastada, después de haber sufrido las más dolorosas torturas que solo un loco puede imaginar. Pero... aún hay algo más.
El loco murió con ella.
Murió.
Desde entonces, todas las noches, cuando faltan quince minutos para la medianoche, un terrible grito que es copia del de la mujer, amanece e inunda las ruinas de la casa.
Y no hay noche que no oiga el grito, ese grito que se me quedó grabado en la memoria.

Mi maestro me contó esta historia, yo solo quería hacerla conocer. Mi experiencia como artista me ha enseñado a valorar lo que uno puede llegar a soñar.

martes, 17 de noviembre de 2009

Manuscrito encontrado


Los resultados académicos no deben influir en mi estado de ánimo.
Los resultados académicos no deben condicionar mi estado de ánimo.
Las notas no son motivo para cambiar mi estado anímico.
Los resultados de los exámenes y las notas no deben ser condicionantes de mi ánimo.
No puedo alterar mi estado de ánimo debido a mis notas.
El estado anímico no debe estar condicionado por los resultados académicos.
Cualquier resultado académico refleja solamente lo
que he dado a conocer que sé en un examen y por ello no puede ser motivo de alteraciones en mi estado de ánimo.
Las notas son en su esencia entes abstractos que reflejan de forma subjetiva lo que el profesor cree que he puesto que conozco, lo cual no debe cambiar mi estado de ánimo ni mi conducta.
Y eso que todavía no me han dado las notas.
Es que me estoy preparando.
________________________________________
Hace unos días encontré un manuscrito en la casa de los abuelos de un amigo mío (la abuela acababa de morir) y he decidido ponerlo por escrito aquí.
Aquí comenzaría la historia, solo que no hay ninguna. Este es el método del manuscrito encontrado, y así es como podría empezar cualquier novela o relato. No sirve más que para abstraer al lector, o para evitar ser acusado de haber escrito lo que has escrito, pues te sirve como excusa. ¿Qué puede ser lo que escribo? En realidad sólo son palabras sueltas que, tal vez con un poco de suerte, en la complejidad del azar, puedan llegar a significar cosas tan bellas como aquellas que no se pueden describir.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Tu voz

He buscado la verdad en tu voz,
he intentado acallar esos lamentos,
me he alejado de ese vivir atroz
del que mi tiempo ha olvidado momentos,
del que mi vida ha querido huir, veloz,
hasta el agotamiento.

Pero tu voz estaba vacía y hueca
y tenía síntomas de locura.
Tu voz me mentía, lloraba seca,
jamás encontrarás para ella cura.
Se sentirá mal porque siempre peca,
no se siente segura.

ED-BS

miércoles, 11 de noviembre de 2009

La Hermandad de la Medianoche

"—¡Rofar, Deimes! —gritó—. Venid aquí.

Los dos guardianes, vestidos ambos con sendas túnicas negras, se acercaron.

—Sí, mi señor —dijeron al mismo tiempo.

—¿Está todo en orden? —preguntó Venom—. Llamad a Balphomet, tengo que saber si el chico sigue encerrado. Y también mandad a alguien al cementerio antiguo para ver dónde demonios está ese descerebrado de Julián. No sé por qué, pero ese hombre me da mala espina. ¿Entendido?

—Sí, mi señor —dijeron de nuevo.

Y salieron de la habitación, dejando a Venom solo en esa densa oscuridad, donde sólo la luz de dos velas permitían distinguir su silueta. Pasaron unos minutos y pensó en volver a una de las habitaciones destinadas a satisfacer sus deseos carnales. Hacía unos momentos había salido de una de esas habitaciones, pero no se sentía satisfecho en ese momento.

No, no puedo hacerlo. Ya no queda tiempo, pensó.

Se levantó del trono y se dirigió a la gran puerta de la sala. Iba a supervisarlo todo otra vez más. Estaba seguro de que todo iba bien (exceptuando a Julián, que todavía no había llegado con el cáliz), sin embargo, quería cerciorarse él mismo de que no había nada que pudiera salir mal. Era para él la noche más importante de su vida, una noche que había ansiado y que había esperado desde hacía muchos años, cuando había entrado a formar parte de la Hermandad de la Medianoche. Esos tiempos le parecían muy lejanos."

Esto es un fragmento extraído de la novela que estoy escribiendo, Apocalipsis a medianoche.

martes, 10 de noviembre de 2009

Poemas y relatos de un loco

Bien, he cambiado el nombre y la URL del blog. Es que a veces uno ya está hasta las narices de que le vacilen a sus espaldas y tiene que tomar esta clase de medidas.
Y este cambio de nombre y de alojamiento web me da que pensar.
¿Por qué empecé este blog?
¿Qué me llevó a escribir las primeras entradas?
¿Qué me hizo continuar con ellas, transmitir nuevas historias, inventar nuevos mundos, crear personajes y amar el arte?
Creo que conozco la respuesta a esas preguntas. Modestia aparte, soy un artista. Ese el el motivo, eso es lo que me ha movido para crear. Tal vez no sea arte lo que aquí haya escrito y tal vez ni lo pretenda ser, pero el hecho es que he sido movido a hacerlo por una faceta de mí que no es otra que la del artista que soy o que quiero llegar a ser.
Ser un artista no es como ser ingeniero, o médico, o economista, o profesor. Amar el arte no es como amar una materia, no se estudia con la razón.
Ser un artista no se busca, surge, como un rayo de luz dorada en una gran nube negra de ceniza y polvo.
Me gusta transmitir el arte, ya sea bueno o malo. Todo lo que uno escribe merece ser leído por otros. Esa es la razón de este blog. Y así seguirá siendo hasta que me canse de él o se pierda en el olvido.

domingo, 8 de noviembre de 2009

La mujer de vapor

Dice Ruiz Zafón en uno de sus relatos que puedes descargar desde su página web:
"LA MUJER DE VAPOR
Nunca se lo confesé a nadie, pero conseguí el piso de puro milagro. Laura, que tenía besar de tango, trabajaba de secretaria para el administrador de fincas del primero segunda. La conocí una noche de julio en que el cielo ardía de vapor y desesperación. Yo dormía a la intemperie, en un banco de la plaza, cuando me despertó el roce de unos labios. «¿Necesitas un sitio para quedarte?» Laura me condujo hasta el portal. El edificio era uno de esos mausoleos verticales que embrujan la ciudad vieja, un laberinto de gárgolas y remiendos sobre cuyo atrio se leía 1866. La seguí escaleras arriba, casi a tientas. A nuestro paso, el edificio crujía como los barcos viejos. Laura no me preguntó por nóminas ni referencias. Mejor, porque en la cárcel no te dan ni unas ni otras. El ático era del tamaño de mi celda, una estancia suspendida en la tundra de tejados. «Me lo quedo», dije. A decir verdad, después de tres años en prisión, había perdido el sentido del olfato, y lo de las voces que transpiraban por los muros no era novedad. Laura subía casi todas las noches. Su piel fría y su aliento de niebla eran lo único que no quemaba de aquel verano infernal. Al amanecer, Laura se perdía escaleras abajo, en silencio. Durante el día yo aprovechaba para dormitar. Los vecinos de la escalera tenían esa amabilidad mansa que confiere la miseria. Conté seis familias, todas con niños y viejos que olían a hollín y a tierra removida. Mi favorito era don Florián, que vivía justo debajo y pintaba muñecas por encargo. Pasé semanas sin salir del edificio. Las arañas trazaban arabescos en mi puerta. Doña Luisa, la del tercero, siempre me subía algo de comer. Don Florián me prestaba revistas viejas y me retaba a partidas de dominó. Los críos de la escalera me invitaban a jugar al escondite. Por pri-mera vez en mi vida me sentía bienvenido, casi querido. A medianoche, Laura traía sus diecinueve años envueltos en seda blanca y se dejaba hacer como si fuera la última vez. La amaba hasta el alba, saciándome en su cuerpo de cuanto la vida me había robado. Luego yo soñaba en blanco y negro, como los perros y los malditos. Incluso a los despojos de la vida como yo se les concede un asomo de felicidad en este mundo. Aquel verano fue el mío. Cuando llegaron los del ayuntamiento a finales de agosto los tomé por policías. El ingeniero de derribos me dijo que él no tenía nada contra los okupas, pero que, sintiéndolo mucho, iban a dinamitar el edificio. «Debe de haber un error», dije. Todos los capítulos de mi vida empiezan con esa frase. Corrí escaleras abajo hasta el despacho del administrador de fincas para buscar a Laura. Cuanto había era una percha y medio palmo de polvo. Subí a casa de don Florián. Cincuenta muñecas sin ojos se pudrían en las tinieblas. Recorrí el edificio en busca de algún vecino. Pasillos de silencio se apilaban debajo de escombros. «Esta finca está clausurada desde 1939, joven —me informó el ingeniero—. La bomba que mató a los ocupantes dañó la estructura sin reme-dio.» Tuvimos unas palabras. Creo que lo empujé escaleras abajo. Esta vez, el juez se despachó a gusto. Los antiguos compañeros me habían guardado la litera: «Total, siempre vuelves.» Hernán, el de la biblioteca, me encontró el recorte con la noticia del bombardeo. En la foto, los cuerpos están alineados en cajas de pino, desfigurados por la metralla pero reconocibles. Un sudario de sangre se esparce sobre los adoquines. Laura viste de blanco, las manos sobre el pecho abierto. Han pasado ya dos años, pero en la cárcel se vive o se muere de recuerdos. Los guardias de la prisión se creen muy listos, pero ella sabe burlar los controles. A medianoche, sus labios me despiertan. Me trae recuerdos de don Florián y los demás. «Me querrás siempre, ¿verdad?», pregunta mi Laura. Y yo le digo que sí."

lunes, 2 de noviembre de 2009

Soneto 8

He hallado una luz entre mis lamentos
y he tendido hacia ella, la he perseguido.
No se ya si son todo mis inventos
o si algo de verdad es que ha surgido.
.
Cientos de veces he creído en ello
y seguiré creyendo hasta el infinito.
Siempre que sea la verdad y lo bello
aquello que me enseñe el cierto rito.
.
No puedo asegurar haberlo hallado
y ni si quiera afirmar que es real.
Pero en el fondo sé que es figurado.
.
He creído que ahora existe un ser fatal
que me aprisiona y me deja cegado.
Pero sé que no es un ser natural.
.
ED-BS

lunes, 26 de octubre de 2009

Hacia la batalla

—No saldremos por la puerta. Saltaremos desde lo alto de la muralla y correremos directos hacia el campamento. Lo haremos como en los viejos tiempos, sin cascos que cubran nuestras cabezas ni corazas que cubran nuestros pechos, con nuestros cabellos ondeando al viento; atacaremos solo con nuestros escudos, nuestras hachas, nuestras espadas y nuestras lanzas. Coged unas cuerdas o unas tiras de cuero y atad el mango de vuestras armas a vuestras muñecas, de modo que todo aquel que caiga las conserve a su lado. —Dicho esto se quito la coraza y el casco y los arrojo a un lado.

—Si algún compañero es abatido antes de alcanzar el muro, olvidaos de él y seguid corriendo, gritando todo lo fuerte que podáis y riendo. Reíd para que entiendan que vais contentos a la batalla.

—Si alguno consigue alcanzar el muro, que trate de escalarlo y si lo logra que cargue con toda su ira contra todos los enemigos que encuentre en su camino; que en cada golpe concentre la fuerza de todos nosotros, la de todos nuestros muertos.

—Recordad que agonizar postrado en casa no es digno de un guerrero y que nuestros antepasados aconsejaban a sus ancianos que se dieran muerte ellos mismos. Morir en combate nos llevará a todos al estado placentero y eterno de la inmortalidad. Somos los elegidos de los dioses. Hoy mismo estaremos todos bebiendo cerveza y cantando canciones en el salón de Thorn.

El gareano observo a sus compañeros una ultima vez, poco mas de una treintena, hambrientos y vencidos pero orgullosos. Sonrió. Apretó fuerte el escudo con la izquierda, empuñó la espada con la derecha, la alzó y gritó. Luego saltó al otro lado de la muralla y corrió colina abajo hacia la muerte.

Kazike

jueves, 22 de octubre de 2009

Poesía

I
En las oscuras nieblas de lo eterno,
allá, en lo alto, más arriba,
donde no existe vida alguna,
donde lo físico se hace etéreo,
en la oscuridad más lejana,
en ese alto y desconocido abismo,
en lo más distante del firmamento,
donde se discuten las claves del destino,
en ese oscuro e incierto lugar,
allí, donde nada existe,
entre la nada y la soledad,
sin más que su propia compañía,
mi alma se esconde y pervive.

Grandes son las adversidades,
difíciles de esquivar,
por su altiva inmensidad;
pero mi alma se las ingenia
para poderlas evitar,
luchando contra dioses falsos,
gritando al oído a las ideas
que son erradas y equivocan,
engañando a los impíos,
aunque ellos sepan la verdad,
agarrando de los pelos sin piedad
a las falsas imitaciones,
que intentan ser crédulas.

Me niego a cambiar el lugar
de amparo del alma mía,
ya me costó llegar tan alto,
a la más apartada cima,
como para ahora, sin más,
dejarla caer en picado,
dejarla derrumbarse al fin...
No, no es lo que haré jamás,
no me desharé de mis locuras,
no me destruiré en la memoria,
no quiero ser solo un lamento,
viviré más grande que nunca,
yo seré como siempre el centro.

II
Y en esta fase de engrandecimiento
en la que ahora me encuentro
me dilato y me estiro, me deslizo,
tiendo hacia arriba, más alto,
exploto en una inmensidad,
formo parte del aire y el cielo,
ahora soy el dueño,
soy yo el que lo gobierna todo,
soy la eternidad de la creación,
porque ahora yo soy todo,
soy todo y soy tú, por ello;
y en ti me agarro al sufrimiento
y te duele que esté dentro.

Siente el dolor y la amargura,
siente mi desgarro en el pecho,
siente el verdadero sufrimiento,
sientelo, grita, llora...
pero no dejes de sufrir,
en eso se basa tu existencia ahora,
eres sinónimo de dolor,
ahora eres tú el que suplica
que cese la fuerza sobrehumana,
quieres que el dolor se agote,
o que llegue ya tu agotamiento,
pero no llegará nunca tu deseo,
pues eres fruto del sufrir eterno.

Y te lamentarás de haber nacido,
y odiarás tu propia existencia
en la que me encuentro,
dañándote por simple gusto,
por el placer que me produce tu lamento,
porque soy yo las fuerzas de lo oscuro
y hago contigo lo que quiero,
y me satisface tu herir maldito,
me escondo en el dolor interno,
soy yo cuando lanzas un grito
la fuerza que te impide hacerlo
y que hace que tu vida
sea odiada por tu propia mente.

III
Es el momento de tu muerte
el momento que menos ansío,
por eso te hago eterno,
para que siempre vivas
con ese dolor vacío.

Es la potencia de tus suspiros
lo que me apasiona,
tu dolor se resiste y se sostiene
en esa espiral amarga de ti
en la que te meces.

Y son los cientos de latidos
de ese corazón viejo
y nunca muerto, derretido,
con la esencia hecha un nudo
que se aprieta cada instante.

IV
No soy ya un alma ausente
que huye en el alto abismo,
no me escondo del fuego eterno,
no tengo miedo al frío,
ni le temo a los hambrientos,
fugaces, mordiscos del tiempo
que son la fuente de la locura,
que dan rabia, enloquecimiento,
ni a las fauces de las ideas,
ni a los oscuros sentimientos,
ni al tenue florecer de la aurora,
ni al destino, ni al silencio,
pues sé que nada de eso es cierto.

Me descubro como propio,
me convenzo de mi ser,
soy yo mismo, sin cambios nunca,
nada debo ya temer;
no voy a perder mi puesto,
no voy a olvidar mi guión,
seré el que siempre he sido
y en mí existirá la verdad,
pues soy real,
soy cierto,
yo existo y no lo demás,
el que manda en mí soy yo
y el que siempre lo hará.

Las nieblas se deshacen lentamente
en un imperceptible amanecer
y los rayos del sol, sin luz,
enseñan su rojo florecer,
como los pájaros al vuelo,
atravesando el oscuro cielo,
hiriéndolo de muerte,
dándole color, vida propia,
ofreciéndole una oportunidad,
y el cielo se siente libre de nuevo,
mi alma se libera ya,
pues ha muerto la oscuridad
y mi alma ha bajado del cielo.

ED-BS

martes, 20 de octubre de 2009

Retiro


Hoy me voy de retiro.





Ya sé que no es mi estilo...





Ya sé que no va conmigo...






Y que no voy a aprender nada.







Pero he tomado la decisión de ir.







Por probar, no pierdo nada.

viernes, 16 de octubre de 2009

Auto-descipción

Es complicado para mí pensar en mí mismo. Me cuesta mucho concentrarme en mí, ser el propio objetivo de mis pensamientos. Me es difícil y se me antoja aterrador tener que describirme y hoy en día es uno de los factores más abundantes en mi vida.
En más de una ocasión he tenido que describirme a mí mismo y seguro que esta misma tarde tendré que hacerlo de nuevo. Y me molesta sobremanera. Si ya es complicado describir a los demás, mucho más lo es describirse a uno mismo. Y ya lo decía Sócrates: "conócete a ti mismo". Ese era el objetivo de vida de tan gran filósofo, y admitía que era una dura tarea.
Hoy me siento para escribir simplemente esta idea. Describirme a mi mismo me es difícil y me cuesta. No tengo más que escribir, ya que nadie lee este blog. Maldigo estas palabras.

jueves, 8 de octubre de 2009

Extinción


La Luna se veía en lo alto, tras unas nubes delgadas y oscuras, como escondiéndose de aquella figura que se alzaba en el claro del bosque, una figura terrorífica, nada usual en aquellos parajes, una figura que atraía la atención de los animalillos que, tímidamente, se acercaban a él sin saber que sus vidas corrían grave peligro.
Era una masa enormemente grande, más grande de lo que puede ser cualquier ser humano normal y corriente. Se decía en tierras remotas que en ese bosque existía, de forma irregular a lo largo del año, un ser gigante que se alimentaba de animales crudos, animales que él mismo cazaba con sus propias manos. Decían que esa criatura era mitad hombre y mitad oso, que procedía de una especie antigua, una especie de la que ya no quedaban más individuos que aquél. Era una verdadera lástima no poder continuar con el legado de la especie, pero era así como debía ser.
Las especies se extinguen cuando llega su momento, eso lo sabe todo el mundo. Pero... cuando queda un solo individuo de una especie... la única opción de hacerla sobrevivir es... cruzarla con otra de características similares.
No había ninguna mujer capaz de mantener relaciones con semejante bestia. Y los osos hembra no se sentían tampoco atraídas por ese animal.
De todos modos, él tampoco se sentía atraído por ninguno. Era un ser solitario y peligroso.
La Luna se dejó ver cuando las nubes se deslizaron por el oscuro cielo nocturno y la bestia aulló al sentir sus rayos sobre su piel.
La bestia se adentró en la oscuridad del bosque en busca de cobijo. Era medio humano y medio oso, pero no podía guiarse más que por sus instintos. Era un ser irracional. Era una bestia.
Desde la inmensidad del bosque se oyó un aullido más. Había caído en la trampa. Pronto moriría desangrado. Era el fin de una especie antigua, milenaria. Era el fin de ese animal sin sentido. Se habían extinguido por fin. Los pequeños animales ya no tenían nada que temer. Ya no estaba. La bestia no estaba. Se había extinguido.

sábado, 3 de octubre de 2009

Discoteca

"¿Qué cojones?" me pregunto ahora mismo. Hoy he ido por primera vez (es vergonzoso admitirlo) a una discoteca. Era bastante aproximado a lo que me imaginaba. Música (si es que se le puede llamar así a eso, pues yo prefiero el metal) a todo volumen, mogollón de gente apelotonada, algunos sofás para sentarse, barras para los refrescos...
Bien, no sé cómo serán otras discotecas pero, si he de ser sincero, no puedo decir que ésta me haya disgustado. En cierto modo he ido con la idea de que no me iba a gustar (extraña mentalidad, tal vez un poco perversa), pero, para mi sorpresa, ha sido una buena experiencia que, seguro, se va a repetir, si no todas las semanas, por lo menos una vez al mes.
En mi opinión (que no es más que la absurda opinión de un loco) la gente que va a las discotecas... debe aburrirse bastante cuando sale con sus amigos. No es por nada en especial, solo que yo creo que tampoco ha sido mucho más divertido que salir como siempre. Aunque, es cierto, es una experiencia diferente.
Si tuviera que dar una nota a la discoteca, le pondría un seis y medio, tal vez un siete raspado. Eso no significa nada malo, desde luego, pero implica que no es del todo espléndido. No lo es por varias razones. Una de ellas es que no me ha parecido un lugar muy cómodo. Demasiada gente en tan poco espacio puede llegar a hacerse frustrante. En segundo lugar, la música, que ya he mencionado antes. Otro defecto... tal vez sea la gente. Aunque eso puede variar según la discoteca a la que vayas. Por último, destacaría como inconveniente el hecho de que no vendan alcohol (debido a que he ido a dicha discoteca en el horario light).
Algo que me ha gustado es, por ejemplo, el hecho de que no se permita fumar en el interior. Personalmente, el olor y el humo que desprenden los cigarrillos me molesta en gran manera. Por lo tanto, que esté prohibido fumar me ha parecido bastante bien (aunque no a un par de amigos míos, a quienes han echado tras pillarles fumando a hurtadillas en el baño).
¿Qué más decir? Nada, en general todo está dicho.
"¿Qué cojones?". La pregunta vuelve a mi mente y he hace sonreír. ¿Qué cojones?
¿Qué cojones?

jueves, 1 de octubre de 2009

Gotas


Vuelan las gotas de lluvia a mi alrededor, me encierran.
Una prisión sin barrotes, una cárcel natural e insondable.
Las gotas me hieren. Cada una de ellas me destroza, y no puedo evitarlo.
Estoy atrapado en el tiempo y en el espacio.
Nunca podré salir de aquí.
Este es mi propio Infierno.
Una lluvia imperecedera, eterna e irreal.
Las gotas se funden en mi cuerpo, me convierto en ellas.
Cada una de ellas forma parte de mí.
Ahora soy yo gotas de agua.
Y siento la libertad de mi alma.
Vuelo por los cielos...
Mi cuerpo se deshace al golpear contra el suelo...
Y muero en pequeños chasquidos.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Encerrado


Bajo la intensa mirada,

De la luna amarilla,

Faltó el aire, una calada,

Un suspiro, una vida.

Con sentimiento en el alma,

Cabizbajo en mis enojos,

Valga el cielo y me dé calma,

Y me alumbre con tus ojos.

Una luz en tu pecho late,

Y en el mío una candela,

Mi amor por ti, a ti, me ate,

y así, por fin, prenderá mi vela.

En un acceso al temor del cielo

muero con la eternidad,

me hago uno en tu hielo

y en tu fuego soy verdad.

Silencio en la oscuridad

y amor en el ambiente,

si queremos amistad

antes debo empezar a quererte.


Fsk y ED-BS

domingo, 20 de septiembre de 2009

Soneto 7

Los hábitos del corazón son éstos:
latir, repartir sangre al cuerpo entero,
llevar las vitaminas, mensajero
de todo: de lo bueno y de los restos.

Lo meten todo en cajas, como en cestos,
y lo hacen sin decir ningún pero
porque es su trabajo y es certero
que para el cuerpo nunca son molestos.

Gracias al corazón vivimos todos
y gracias a él todos somos vivos
pues somos manos, dedos, pies y codos,

tenemos piernas, no somos olivos,
somos personas y, de todos modos,
todos en el mundo somos nativos.

ED-BS

jueves, 17 de septiembre de 2009

Último curso

Se podría decir que es hoy y no ayer cuando empieza el cole. Ayer fue el día de toma de contacto. Dos horitas y ya. Hoy empieza el curso de verdad. Y empiezo segundo de bachillerato. Es el último curso del colegio. Y hoy vuelvo a la rutina, desechándome del verano, arrancándome las costras de las vacaciones y viviendo la vida con la piel desnuda. Empieza el último curso. Espero que vaya tan bien como el anterior y, si es posible, mejor.

jueves, 10 de septiembre de 2009

La ciudad enferma

—Vale, entonces ¿qué hacemos? —preguntó el taxista, encolerizado.
El pasajero se calló un momento. Necesitaba pensar. No sabía qué hacer, todo era tan raro...
—Creo que debemos seguir; pero despacio, sin dar acelerones.
—¿Estás seguro?
Claro que el pasajero no estaba seguro. ¿Cómo iba a estarlo? Todo era tan siniestro de repente, se había convertido el mundo en una especie de pesadilla. No era normal que todos los vehículos menos ese taxi se hubieran detenido de pronto. No era normal ver a esa niña (joder, era una niña) atravesarse el cuerpo con una barra de metal, adrede, como haciendo un harakiri. Tampoco era normal (nada normal) que aquél hombre se hubiera desnudado en medio de la carretera, ni que caminara con un rollo de cinta aislante en la mano, saltando de coche en coche, rompiendo las lunas delanteras con los pies desnudos.
—Creo que sí. Pero despacio, muy despacio.
El taxi avanzó un par de centímetros y se detuvo de nuevo.
—Creo que esta delante —dijo el taxista—. Creo que el perro está delante.
El pasajero levantó un poco la cabeza para ver por detrás del capó.
—No lo veo.
—Seguiré un poco.
El taxista soltó lentamente el freno, sólo un poco. No quería arriesgarse demasiado. Temía por su vida. Era una situación de lo más extraña para él. Toda la gente parecía haberse vuelto loca. Todos los aparatos electrónicos habían dejado de funcionar. Los animales parecían rabiosos.
El taxi se detuvo, como si tuviera algo delante que impidiera el giro de las ruedas. El taxista pisó el frenó y miró al pasajero con cara de terror.
—Joder —susurró—. Creo que estamos pisando al perro.
—Mierda —dijo el pasajero con el mismo volumen de voz.
De repente, el coche empezó a moverse de lado a lado. Primero, despacio, pero, a medida que pasaban los segundos, el coche se tambaleaba a mayor velocidad.
—Joder, ¡hay que salir de aquí! —gritó el taxista.
—¡No! Fuera todo está peor. Si salimos nos matarán.
—Pero... Vamos a volcar —rechistó el taxista.
—¿Llevas puesto el cinturón? —preguntó el pasajero.
La pregunta sorprendió al taxista, pero respondió.
—Sí, ¿por qué lo pre...?
—Acelera, ¡rápido! —cortó el pasajero.
El taxista no tuvo tiempo para reaccionar; su pie derecho pisó fuertemente el acelerador. El taxi pasó por encima del cuerpo del perro que había estado allí momentos antes.
—Creo que hemos pasado por encima del perro —musitó el taxista.
—Calle y siga acelerando. Tenemos que huir de la ciudad. Todos están locos aquí. Debe ser algún virus o alguna enfermedad contagiosa; no lo sé. Pero tenemos que salir de aquí. Al norte. Y allí tomaré un avión. Sí. Viajaré al extranjero, al otro lado del océano.
—Yo iré con usted.
Y el coche se perdió en la oscuridad de la ciudad. Una ciudad que se había transformado y que nunca volvería a ser la misma. Una ciudad donde los seres humanos dejaron de ser seres racionales. Una ciudad con una peligrosa enfermedad. Una ciudad enferma y sola.

domingo, 6 de septiembre de 2009

[ o grabando ]


Es una oscura ciudad. Está deshabitada desde hace más de cincuenta años porque está separada del mundo... y por una antigua leyenda. Nosotros estamos aquí para ver los destrozos de la naturaleza. Aunque si hay algo extraño, esotérico o algo por el estilo... la cámara lo grabará todo.
Caminamos por la calle principal. Por ahora no hemos visto nada. Casas derumbadas, locales en ruinas... Todo está destruido, pero es que hace más de cincuenta años que nadie pasa por aquí. Mirad cómo son las calles. Está todo muy mal. Las farolas por los suelos... Me voy a agachar a ver... Sí, esto es sangre. Sin duda, es sangre. Mirad. Hey, Fred, graba aquí.
Esto deben ser los restos de algún animal de compañía. Un perro, a lo mejor. Joder... huele a muerto. Je, je, está muerto. Lleva más de cincuenta años muerto... ¡Qué asco! Vale, sigamos por aquí. Ahora todo empieza a estar más oscuro... Mi reloj marca las siete y cuarto. Ya se empieza a hacer de noche y aquí no hay luz artificial... Vamos a pasar la noche entera grabando. A no ser que nos pase algo, je, je...
O que despertemos a las almas de esta casa. Fïjate, Fred... Es una casa diferente. Ésta debía de ser una especie de iglesia... o algo. Quizás un ayuntamiento. Está todo echado a perder. A ver esta estatua... Oh, mierda, me he cargado el brazo. Bueno, no creo que el dueño se entere, je, je.
Fred, sígueme, vamos a entrar...
Enciende la visión nocturna, que aquí no se ve nada... Vale. A ver, espera que me acerque... Eso, pon la pantalla. Bien. Vale, ya veo. Sigamos.
Joder, ¿qué es eso? ¿Una cabeza? Dios, está muerta, Fred.
Al parecer no todos salieron de la ciudad. Algunos se quedaron dentro y murieron. Como ésta chica... Aunque sólo queda un esqueleto medio vestido de carne... Y este precioso vestido...
No se vé muy bien. Maldita visión nocturna, es una mierda.
Eh, Fred, déjate de jueguecitos... Fred, te he dicho que... Para, no me toques los cojo...
Coño. No eres tú. Entonces ¿quién...?
Ah... No, por favor, déjame. No quería molestarte...
No... No iba a hecerte daño... Pensaba que estabas...
Fred... ¡Fred! Ayúdame...
No, chica, estabas muerta... No puedes despertar...
¿Qué haces? No... Mis pantalones no... ¡Fred! ¡FRED!
No... Socorro... Por favor...
Estás muerta... No puedes hacerme esto...
No, por favor, no... ¡Nooooo!
¡Ahhhhhhhhhhhggggggg!

lunes, 31 de agosto de 2009

La casa embrujada

El cielo estaba ya de color sangre cuando salí de la casa embrujada. Todo era distinto a como lo había visto antes. Mi mente había cambiado, ya no pensaba ni veía como lo había hecho antes de entrar. Sin duda, esa casa tenía algo mágico. Mágico, pero malvado. Esotérico. Infernal.
El cielo me gritaba. Eso era lo que yo sentía. Sentía que el cielo me gritaba desesperadamente, un grito que no lo oían mis oídos, sino que lo oía mi cerebro desde el interior.
Era un grito desgarrador.
Me obligó a dejar mi cuerpo en el húmedo suelo.
No podía contenerme.
Al final, volví a entrar en la casa embrujada. Allí me sentía más seguro.
El cielo se tornó oscuro y, asombrosamente, esa noche no había Luna.
Dejé que el interior de la casa me envolviera y, al fin, formé parte de ella.
Ahora soy todos los recovecos de la casa al mismo tiempo.
Ahora yo soy la casa encantada.
Y todas las tardes, en el crepúsculo, mis ventanas que son ojos miran al cielo que se tiñe de ese rojo sangre y me doy cuenta de que llora, grita y enloquece.
Y lo hace por mí.

jueves, 13 de agosto de 2009

...

...puntos suspesivos...
(Hacía mucho tiempo que esperaba escribir esta entrada)

lunes, 10 de agosto de 2009

El Hombre Lobo

Otro día más de este verano. Me acuerdo de una persona que un día me contó...

Iba corriendo entre las sombras y el corazón le latía fuertemente. Notaba cómo se le oprimía el pecho con cada latido. Pum pum, pum pum. Subió la cuesta todo lo rápido que pudo. Ya no podía más pero debía seguir subiendo. Se resbaló, pero no le importó, y siguió subiendo... Hasta arriba, tenía que llegar a lo alto de la parcela; allí, donde estaba el Gran Árbol.
Era un cedro de muchos años. Muy viejo ya. Allí habían jugado su bisabuelo y su abuelo desde niños. Y su madre. Su madre, que ya no estaba con ella.
Elisabeth llegó hasta el árbol. Subió, escaló hasta lo más alto que pudo. Debía huir. El hombre lobo la seguía desde la explanada.
Cayó. Cayó del árbol como una manzana que cae del manzano. Se partió una pierna, pero no importaba, ella quería huir...
Vio cómo el hombre lobo llegaba. Cerró los ojos, esperando notar el mordisco..., las garras. Pero no. No notó nada. Fue muy rápido, por eso no lo notó. El hombre lobo le mordió en el cuello, directamente en el cuello, mientras con sus manos aplastaba su cráneo. Había muerto.
Debía morir y lo había hecho. Pero sin dolor. Ni lo notó. Era mejor así.
El hombre lobo volvió a bajar la ladera hasta llegar a la mansión. Había terminado con la vida de su hija. Pero era necesario. Había que hacerlo.
El cielo se fue aclarando y la luna llena se empezó a poner. Poco a poco, el hombre fue recuperando su forma... y su razón.

miércoles, 5 de agosto de 2009

El aviso

Es cinco de agosto. La última vez que escribí en este blog fue el 17 de julio. Bien, llevo una buena temporada sin escribir, pues estoy enfrascado en mi propio libro, que quiero terminar este verano, pero que se resiste... no se deja...
Es cinco de agosto. Mañana es mi cumpleaños. Cumpliré 17. Es difícil contar algo ya, así que dejaré fluir mi imaginación una vez más para inventar otro nuevo relato...
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Es cinco de agosto. El mar ante mí se siente inmenso, magnífico, un ser inminente y sublime, algo capaz de arrasar con todo. Mi nombre es Philip, Philip Erson, pero todos me llaman Phil. Tengo 37 años, casa en la playa, trabajo razonable y no me falta dinero. En verdad, no me quejo. Mi vida es suficientemente buena; o, por lo menos, lo fue hasta esta mañana.
Parecerá raro y difícil de creer, pero todo lo que narro a continuación es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Te costará creerlo, pero debes ponerte en mi situación.
Eran las diez y media de la mañana, quizá un poco más tarde, cuando salí de casa para dirigirme a la playa. Iba con un bañador (el que sigo llevando ahora), mi toalla de playa (de la que ya no queda nada) y un periódico que había comprado el día anterior y que leía por el camino.
Nunca me esperé que ocurriría lo que pasó. Fue algo difícil de creer, algo que no pasa nunca, ni si quiera en los sueños más descabellados; era una situación totalmente irreal, pero lo más jodido es que era la pura realidad.
Me explico. Caminaba yo por la calle, no por la acera, pues aquí, donde tengo la casa de veraneo, en este pequeño pueblo, no pasan coches. La calle estaba más desierta de lo normal, lo cual me extrañó sobremanera. Las tiendas que estaban abiertas aún en verano estaban todas cerradas pero, ¡pobre de mí!, no me di cuenta. Como digo, andaba hacia la playa por la calle solitaria, el sol me abrazaba con sus rayos y me hacía sudar más de lo normal. Es cinco de agosto, hace mucho calor.
Contemplo cómo las olas rompen ante mí. El final de esto no puede ser quedarme sentado ante las olas, mientras veo subir y bajar la marea eternamente.
El sofocante calor me hacía andar despacio, pero sabía que pronto llegaría a la playa y me bañaría en el agua. Lo que ocurrió, no me lo esperaba, en absoluto. Desde el centro de la calzada se caminaba más cómodamente que por la acera. ¿Por qué debí escoger ese camino? Fue algo insospechable, no pude hacer nada...
Una niña... era una niña...
La conocía, era de mi vecindario. Hija de unos amigos. Pero ya no queda nadie... ¡No había nadie en la calle! Sólo estaba yo... Yo y esa niña.
Fue muy extraño, he de admitirlo, quizá en el fondo todo sea un sueño y me despierte en la cama, no en la arena de esta playa solitaria, con el viento en la cara (esta brisa marina) y frente a este mar que ya es de lágrimas.
La niña de acercó a mí, contenta, alegre, felíz, dando saltitos. La saludé. Seguía su trayecto hacia mí. Pero me miraba fíjamente, con una mirada malvada...
De pronto, el sonido de una bocina de sobresaltó. Era el aviso, pero yo no lo sabía. No supe que me tenían que avisar de nada hasta que fue demadiado tarde.
La mirada de la niña, penetrante, me absorbía...
Su cara, instantaneamente, se convirtió en un extraño y repugnante monstruo, verde, como las algas, con apariencia de pez, una cara de besugo, pero con muchos dientes largos, demasido largos, que salían de su boca por arriba y por abajo... El susto fue lo peor. Lo peor...
Se había acercado demasiado siendo una niña buena y en el último momento se había convertido en una especie de alienígena, un extraterrestre de cualquier película de ficción. Pero eso no era ficción, era la vida real, y esa era la hija de mis vecinos.
Lancé hacia ella mi toalla, para desorientarla, pero no conseguí nada. Sus dientes acabaron con ella. En ese momento supe que estaba perdido.
Otra vez el ruido de una bocina. Agudo, penetrante, ensordecedor. Un aviso más.
Pero no podía mirar hacia el lugar de donde provenía el sonido, mi vida estaba en peligro. Así que me abalancé sobre ella, sobre aquella niña peligrosa con apariencia de niña inofensiba, con cara de pez de color alga marina.
Ahora contemplo el mar y su inmensidad y me atormento.
Forcejeé con ella, pero no podía agarrarla de un cuello que no tenía. Era una situación de vida o muerte y debía acabar con ella. Fuera como fuese.
Encontré en el suelo (bendito destino) una botella de cristal vacía. Mientras agarraba a la niña de los brazos e intentaba alejarme de sus mortíferos dientes la agarré con la otra mano y la golpeé contra el suelo para romperla. Con la botella rota en la mano ya no era un duelo desmedido. Seguimos forcejeando hasta que conseguí clavarle unas cuantas veces la esquina punzante de la botella en diversas partes del cuerpo. Tenía cuerpo de niña... Me dolió hacerlo, debo reconocerlo, pero nadie en su sano juicio habría hecho otra cosa que aquello que yo hice.
Murió. Murió y yo salí con vida. Ahora, en esta playa solitaria, sé que soy el único superviviente de todo el pueblo. Pero aún queda en mi corazón alguna esperanza de que aquella persona que me avisó con la bocina siga con vida. Espero que sea así.
El mar solitario me impresiona. Me atemoriza.

jueves, 16 de julio de 2009

La Tatuadora

Aquella noche lluviosa en la que nada malo podía ocurrir ocurrió lo inesperado. Fueron muchos los avisos, pero Susan, una joven norteamericana de 19 años, no se dio cuenta de que ese era su último día de vida.

Había ido esa mañana a un centro llamado Tatoo & Piercing para hacerse un tatuaje en el hombro. Era una chica alta, de piel clara y pelo largo y cataño. Trabajaba en una tienda de la madre de una amiga suya y, además, estudiaba en una prestigiosa universidad, pues había conseguido una beca pro haber obtenido las mejores notas de su ciudad. Era una chica muy inteligente, quizás fuera eso lo que le hubiera tendido a olvidar que ese era su último día. Porque ya lo sabía. Se lo había dicho una vidente de esas a las que acudes porque te llevan tus amigos y no tienes más que sentarte delante de ella y escuchar lo que "dicen" las cartas. Y había dicho que iba a morir pronto, pero que no se preocupase, que iba a ser persuadida. Evidentemente, como suele ocurrir en estos casos, Susan no dio la menor importancia a lo que había dicho la vidente, pues su inteligencia le hacía pensar que no era posible que una mujer, al echar las cartas, pudiera averiguar el futuro.

Quería un tatuaje de un dibujo especial. Era una especie de estrella enorme, con un montón de flores alrededor y unas espadas y cuchillos en el centro. Le había atraído el dibujo porque ella misma había dibujado en una de sus clases de universidad (o, como decía ella, "las horas aburridas que se usan para dibujar estupideces en el cuaderno") un dibujo muy parecido al del tatuaje. Le habría gustado que tuviese también un corazón en el centro, como lo tenía su dibujo, pero no podía ser, la estrella era demasiado pequeña.

Entró en el establecimiento y se dirigió a la mujer que atendía.

-Quiero hacerme un tatuaje -dijo.

-Muy bien, has venido al lugar indicado -respondió-. ¿Sabes ya qué dibujo quieres o sigues mirando los ejemplos?

-Quería ese de allí -dijo Susan señalando el que tanto le gustaba con la mano-. Lo quiero aquí, en el hombro.

-Está bien, sientate aquí un momentito para que prepare la máquina...

La máquina era una especie de pistola gigante, como un taladro, en cuya punta, en vez de una broca, había una aguja enorme. La máquina estaba conectada a un pequeño botecito de tinta.

-Bien, ya está. ¿Preparada? -preguntó la tatuadora cuando estaba ya con la pistola en las manos.

Susan asintió con la cabeza. Estaba segura de que lo quería. Pero tenía un mal presentimiento.

-Te va a doler un poco, pero no es mucho, ¿eh? -advirtió la tatuadora-. Puedes gritar si quieres.

La punta de la aguja penetró suavemente en la piel del hombro de Susan. No era dolor lo que sentía, era un pequeño pinchazo que... ardía. No podía sentir más que calor. Notaba cómo se movía la aguja, pero lo peor era que le quemaba... le ardía...

Apartó la mirada para fijarse en algo y distraerse. No podía más, le quemaba demasiado... De pronto, cayó al suelo, desmayada.

La tatuadora no se lo podía creer; era la primera vez que alguien se desmayaba en el proceso de tatuado. Nunca había pasado y no sabía qué hacer. Por el momento había parado de tatuar el hombro y estaba intentando reanimar a Susan. No lo conseguía, su cuerpo seguía inerte en el suelo. Decidió llamar a una ambulancia. Fue atrás a por su teléfono y llamó. Cuando volvió no pudo creer lo que veían sus ojos. El cuerpo entero de Susan se había transformado, toda su piel era ahora del color de la tinta. La tatuadora cerró los ojos y volvió a mirar. No era posible, pero era cierto; el cuerpo de aquella chica de 19 años estaba completamente negro. Intentó reanimarla de nuevo, pero no obtuvo ningún resultado.

Al girarse, una mano enorme y fría le agarró por detrás. De pronto notó un pinchazo en el muslo y... se desvaneció.

Susan se despertó asustada. No tenía ni idea de dónde estaba y tampoco sabía cómo había llegado hasta allí. Todo en su cabeza era confuso, no recordaba nada pero, en ese momento, lo único que quería era salir de allí. No se dio cuenta de que todo su cuerpo estaba teñido de negro. Al ver que estaba en un sitio oscuro, o por lo menos eso parecía, intentó palpar lo que había a su lado. Estaba en una cama y... al lado suyo había alguien. Una chica, al parecer. La tocó, la intentó despertar.

Alguien despertaba a la tatuadora, que se levantó molesta. Estaba en un sitio oscuro y no recordaba nada.

-¿Quién eres? ¿Qué quieres? -preguntó la tatuadora.

-Mi nombre es Susan. No sé quién eres tú ni dónde coño estamos. Y lo único que quiero es salir de aquí.

Esas palabras dejaron confusa a la tatuadora.

-No veo nada, creo que estamos en una habitación oscura.

-No -terció Susan-. Yo creo que estamos ciegas. Creo que nos han tatuado en los ojos.

-¿Por qué dices eso?

-Tú eres la tatuadora, ¿verdad? La de Tatoo & Piercing, ¿no?

-Sí. Tú debes de ser la chica que quería el tatuaje de la estrella.

Susan afirmó.

-Yo te estaba tatuando, ahora me acuerdo, cuando, de repente, te has desmayado.

-Sí, es que la aguja me quemaba en el hombro.

-Bueno, vale, y ¿se puede saber dónde estamos?

-No tengo ni la menor idea.

-Pues será mejor que hagamos algo para descurbrirlo.

La tatuadora se levantó de la cama sobre la que estaban las dos jóvenes y pisó el suelo. Pero el suelo no era firme y resbaló, dándose un golpe en la cabeza con el pico de metal que tenía la cama. Un chorro de sangre brotó de su cabeza y no volvió a respirar.

Susan se sintió extraña. Sabía que había muerto, sabía que la tatuadora estaba muerta. No sabía por qué, porque no veía nada, pero lo sabía. Ahora sólo le quedaba esperar, ella no quería correr la misma suerte. Se quedó sobre la cama hasta que, por fin, se durmió.

Al despertar nada era igual. Todo había cambiado por completo. Estaba muerta. Eso es, ya no tenía de qué preocuparse.

martes, 14 de julio de 2009

No se sabe

Nunca se sabe cuándo se va a morir, no puedes saber el momento exacto. Pueden diagnosticarte alguna enfermedad que te mate en pocos segundos, pueden darte un tiro y que sepas que vas a morir pero... el momento exacto, milimétrico, nunca se sabe. Es lo que tiene la vida, que acaba pero no puedes saber cuándo.

miércoles, 8 de julio de 2009

Juventud


Son las doce y ventidós de la noche y me pongo a pensar en la juventud. Es difícil pensar en ella al ser joven, pero quizás sea necesario. En la juventud, la sociedad se convierte en algo necesario, algo que cuando eres niño, está, pero no se siente. Con una edad un poco mayor te empiezas a dar cuenta de que existe esa sociedad, de que eres parte de ella y no puedes hacer nada para impedirlo. Es más o menos como la fuerza de la gravedad. Hasta que no sabes nada de ella no te pregunas por qué existe, pero al conocerla quieres deshacerte de ella y echar a volar...
La sociedad es un signo nuevo en la vida de un joven. La juventud es la entrada en la sociedad. Es siendo joven cuando realmente entras en contacto con otros sin necesidad, obviando que ambos sois personas y actuando como simples "seres sociales".

Es en la juventud donde se comienza a forjar un vínculo especial con alguien del otro sexo. Aunque a mí no me ha llegado aún ese momento.
La juventud es la parte de la vida que te enseña que no eres el único en la vida, que tu vida no es tuya, sino que es el proyecto de otros. La maldita juventud te quita la ilusión de ser tú mismo convirtiéndote en el objeto de los demás, no en un objeto cualquiera, sino el de los demás.

domingo, 5 de julio de 2009

Satélites y astronautas

Satélites y astronautas en el espacio; satélites, máquinas humanas, no los naturales, que vuelan por el espacio explorándolo todo, sacando fotos de todo lo que pasa por delante; astronautas, hombres enormes y fuertes que luchan contra la Naturaleza con el objetivo de buscar algún ser en el Universo al que dominar.
El mundo sería mucho mejor si no existiera esa "necesidad", como dicen algunos, de dominar, gobernar, tener, ambicionar. Es eso lo que hace que salgamos de la hermosa Tierra, nuestro planeta que tanto amo. Y desde mi celda de esta oscura cárcel veo las estrellas en el cielo y descubro la belleza que hay en ellas. Y en un abrir y cerrar de ojos distingo cómo aparece súbitamente una estrella fugaz que en un instante desaparece y me hace pensar que no ha sido más que fruto de mi joven pero ya magullada imaginación de humano.
No soy un astronauta, y aunque no quiero serlo, pues ya le he cogido cariño a mi cama y a mi celda, me gustaría estar entre las estrellas, allí en lo alto, disfrutando de la libertad, olvidando lo que he sido y deshaciéndome de todo lo que me ha atado a la tierra, a la vida en sociedad, llena de suciedad y penurias, siendo al fin un ser más, un satélite, un astronauta, o una simple estrella.


miércoles, 1 de julio de 2009

Parada temporal


El tiempo se detuvo. Las olas del mar dejaron de golpear la triste y oscura costa a la que habían estado golpeando varias veces todos los minutos de su vida desde su nacimiento. Y, en las olas, cada uno de los montones de espuma se pararon para siempre en la cima de cada ola, fijas en el tiempo y en el espacio. El Sol se instaló ya en un lugar en el cielo del cual nunca se volvió a parar y, cada uno de los planetas que estaban a su alrededor cesaron de girar a su alrededor, y sobre su propio eje, terminando el tiempo de su movimiento. Los animales en la tierra pararon también para siempre: las aves que volaban se quedaron suspendidas en el aire, los peces que nadaban se quedaron como congelados en el océano, las bestias de la tierra dejaron de correr, saltar, reptar y morder, para siempre. Y todos los seres humanos, por raro que parezca, olvidaron todas sus tareas y preocupaciones. Todos habían parado, como en trance, y se habían dejado llevar, quedando así quietos como estatuas, algo que duraría para siempre y nunca más cambiaría.

En estos días ya no queda nada en movimiento. Desde que hice mi experimento de parar el tiempo no he parado (valga la redundancia) de aburrirme. Soy el único ser que puede darse cuenta del paso del tiempo. Ni si quiera Dios o los ángeles lo hacen, también lo he parado para ellos y, ahora que me doy cuenta, creo que ser el Diablo es lo más aburrido del mundo.

sábado, 27 de junio de 2009

Vueltas


El mundo da muchas vueltas. Y no solo la Tierra como planeta da vueltas. Muchas veces la cabeza te da vueltas, o le das muchas vueltas a las cosas. Incluso la gente no deja de dar vueltas, la vida no deja de dar vueltas. Los autobuses se dedican a dar vueltas por un recorrido cerrado.
Las vueltas que da la vida y yo sigo aquí, como el primer día. En este maldito infierno. Odio las vueltas, y mira que le doy vueltas al asunto.
Las vueltas son como los helados; si las dejas, se derriten, pero siguen estando ahí, en otra forma, con otra esencia. El mundo da vueltas, no puedes evitarlo.
Con tantas vueltas me voy a marear. El giro del planeta alrededor del Sol y las vueltas que da sobre su propio eje, sumadas a las vueltas que da la Luna alrededor de la Tierra, da que pensar. Porque esas vueltas, esos giros, deben tener alguna explicación. ¿La Naturaleza es perfecta?
La Tierra es redonda, pero no es redonda del todo, es achatada por los polos. Y da vueltas sobre sí misma y alrededor del Sol. Y el resto de los planetas del Sistema Solar dan vueltas alrededor del Sol y casi todos -si no todos- tienen satélites que giran alrededor de ellos mismos y de sus planetas. Y las galaxias (no sé si todas) tienen forma de espiral y dan vueltas. Todo da vueltas.
Las vueltas me hacen pensar pero no llego nunca a ninguna conclusión. Empiezo con una teoría y acabo con ella misma. No dejo de dar vueltas. Hasta los pensamientos dan vueltas.
Vueltas.
Vueltas.
O

miércoles, 24 de junio de 2009

No me creen

Hay gente que no me cree cuando les comento que soy poeta. Debe ser extraño que alguien como yo sea poeta. Y esto va en especial por Claudia, que no me cree. Espero que al ver esta web ya me crea. Bueno, hoy no escribo nada más.

lunes, 22 de junio de 2009

Ninfa



El bosque está oscuro y solitario. Me deslizo entre los árboles, soy uno más. Soy un animal más. Me despojo de mi manto y dejo mi bello y dulce, mi sedoso y frágil cuerpo al descubierto. Me entrego a la naturaleza que me hizo. Soy uno más, soy un animal más. Y aun siendo mujer, me siento fuerte aquí.

Soy la mujer de la Naturaleza, soy el espíritu del bosque, soy la esencia. Yo soy la ninfa que muchos románticos vieron, las que vio Becquer no son más que yo. Yo soy la sirena que ven en los lagos profundos. Soy la mujer del bosque. Soy la Ninfa.

Mi manto se ha quedado atrás y mi cuerpo desnudo se siente como en casa. Estoy en casa y lo noto, todo mi cuerpo lo siente. Soy uno más, un animal más. Odio las vestiduras, que no son más que cadenas que me agarran y me aprisionan en la sociedad. Soy la Ninfa y no quiero cadenas; necesito vivr con mi libertad; necesito vivir como los animales; el aire me hace libre, no necesito ropa.

Lentamente me acerco a la orilla del lago que está escondido en el oscuro y solitarioo bosque. Escucho el canto de los pájaros y me hace felíz. Penetro lentamente y suavemente en al agua y me fundo en ella. Soy uno más, soy un animal más. El agua enfría mi cálido cuerpo. Me sienta bien, me agrada. Desnuda, en el lago, me sumerjo en el agua, completamente. Y bebo de esa agua mágica. Ahora ya formo parte de la naturaleza.

Soy la más bella de todas las mujeres. He bebido del agua pura de la Naturaleza. Me he despojado de todas las cadenas de la sociedad y, desnuda, vivo con los animales. Porque soy uno más, soy un animal más.